sábado, 21 de julio de 2012

Paseo Molinos de Herencia.

Después de lo bien que se nos dio ayer subiendo dos veces los molinos de Alcázar y contando con que el domingo quería llevar a Belén y a mi padre a subir el repetidor de tv de Herencia hoy tocaba una ruta un poquito más larga y una cuesta un poco más dura.

David me digo que lo suyo sería que primero subiera Belén el repetidor por ser asfaltado y luego los molinos que al ser de tierra y con muchas piedras son mucho más duros.

Yo solo he subido estos molinos cuando estrené la Cube que vendí al poco tiempo y durante la cicloturista de este año, en la cicloturista del año pasado iba tan mal físicamente y tantos calambres en las piernas que a mitad de la subida me di la vuelta y baje andando por no poder dar pedales ni para pasar por meta.

Sin embargo recuerdo que en la ciclo de este año la subida estaba muy bien, nada de piedras y nada de lo peligrosa que me habían dicho, pero ni la subida ni la bajada, quizá iba tan mentalizado en lo mal que estaba que luego no se me hizo para tanto. Ni la dureza de la subida que fue asumible ni el estado del camino que estaba en perfecto estado.

David me contó que la subida la limpian de piedras para la carrera pero que durante el resto del año está en mucho peor estado por las motos que suben y por no limpiarlo.

Me dijo que no me fiara del estado de ese día e insistió en que para empezar llevara primero a Belén al repetidor y luego a los molinos de Herencia que son más duros.

Como el domingo quería hacer una ruta un poquito más larga después de las de 20-30 kilómetros de todos los días de esta semana no hice caso a David para así hacer el repetidor el domingo por la mañana con mi padre que venía también para montar con nosotros.

Hasta Herencia y el principio de la subida llegamos bien, de charla como siempre, sin cruzarnos con nadie y relajados, y al comenzar la dije que ella fuera a su ritmo despacito, sin prisas y sin ponerse nerviosa y que yo subiría a mi ritmo para luego vernos arriba, y al final la acompañaba para bajar juntos.

Pero nada más empezar a subir me di cuenta que la pendiente era más de lo que yo recordaba y había muchísimas más piedras que la otra vez, el estado como había pronosticado David no era el mismo que en la ciclo.

Cuando subí hasta la primera parte miré para abajo y no veía venir a Belén, me quedé esperando un poco y al momento vi un casco, luego resulta que era otro chico que subía, seguí esperando y vi a Belén que había subido un trozo andando y en un trozo que suavizaba volvió a intentar subir, desde lo lejos y alto y viendo que aunque despacio iba bien la grité que continuara así mientras yo seguía hasta el último molino, luego me daba la vuelta y cuando la cogiera bajábamos juntos.

Intenté adelantar al chico que me había pasado esperando a Belén pero llevaba el mismo ritmo que yo y me fue imposible, llegó arriba se dio la vuelta y bajó, lo mismo hice yo dos minutos después.

Al bajar me contó Belén que durante un rato no me veía, que no me había escuchado decirla que yo subía y bajaba por el mismo sitio y no sabía para donde ir, que me estaba llamando al teléfono que me había dejado por única vez en casa, y que estaba preocupada además de que esta subida ella no iba a ser capaz de subirla por mucho que lo intentara, llena de piedra suelta, surcos y luego una bajada complicada. Incluso preguntó al chico que bajó antes que yo por si me había visto o estaba bien o me había caído.

La vuelta a casa fue tranquila, habíamos hecho unos kilómetros más que estos días atrás y en las dos últimas salidas habíamos subido unas cuestecillas algo más pronunciadas que los molinos de Criptana, todo pensando en su primer ataque a la subida del repetidor del domingo y a las siete rutas consecutivas que vamos a hacer la primera semana de agosto en Los Países Bajos descansando cada noche en el suelo con una simple tienda de campaña y un saco de dormir.