sábado, 19 de mayo de 2012

Anexo a: Los 10.000 del Soplao 2012

Dejo unos datos y otras opiniones sobre la misma prueba, El Infierno Cántabro.

Recorrimos 99.77 kilómetros, encendí el gps a las 8:00 am pero no pasamos por el arco de salida hasta las 8:13am, llegamos otra vez a meta a las 17:42 pm., la duración fue de 9:42 horas y estuvimos 2:25 horas parados, por lo tanto el tiempo en movimiento fue de 7 horas y 16 minutos, casi lo que tardaron los primeros en hacer la prueba entera, en estas dos horas y media de descanso están incluidas la hora que estuvimos en El Moral esperando a Roberto y Ángel Luis y los minutos que tardamos en salir.


El ascenso positivo acumulado fue de 2.338 metros. Altura máxima 1.025 metros y mínima 17 metros.Una velocidad media en movimiento de 14km/h. y total de 11km/hora, este dato es el que me marqué para llegar al recorrido y aunque quedaban grandes subidas creo que las dos partes más lentas para mi iban a ser las lastras y el monte Aa, el resto por muy lento que fuera subiendo siempre iba a ser encima de la bicicleta y por lo tanto no bajaría tanto la media como ir empujando la bici. La velocidad máxima fue de "solo" 46 km/hora que para las pendientes que había no es mucho, fue muy precavido bajando, me recordaba el dolor del hombro la caída del domingo anterior y el tobillo el resbalón de la tarde anterior por lo que no quería arriesgarme a perder el día por un accidente.

Según el GPS y los datos que tiene de mi altura, peso, edad y género dice que consumí 1.000 calorías y pensando en todo lo que cené, desayuné y comí y bebí durante la carrera me explicó el motivo de la sensación de terminar hinchado y sin ganas de cenar.

Durante la carrera no tuve ninguna incidencia ni en la bicicleta ni físicamente, incluso el frío que pasamos no me afectó, lo aguanté perfectamente siendo el único, al menos que yo viera y haya visto en cientos de fotos, que coronó El Moral en manga corta. Sin embargo al terminar la prueba y una vez dejé la bici, me duché, cambié, cené, etc... tenía fuertes dolores en el hombre de la caída del domingo anterior, en la espinilla de la caída del día anterior, agujetas enormes en el pecho, dolores en los riñones y un cansancio general que se van acentuando casi una semana después de la prueba.


Respecto al reto y al futuro... el reto no se ha perdido, pero tampoco se ha conseguido, lo único que se ha conseguido es una sensación positiva de lo que podría haber sido y una negativa por lo que ha sido. Nadie ha tenido la culpa pero sin embargo ha faltado algo, es una sensación que hace que me vuelva a plantear mi decisión de dejar la bici a este nivel, quizá intente mantenerlo y ya que estamos superarlo para volver el año que viene y asegurar un buen final. Este blog tenía fecha de caducidad en septiembre del 2012 y quizá se vea superado por los acontecimientos.

He propuesto a David irnos allí en septiembre, incluso con la familia y hacer un fin de semana que queramos todo el recorrido por nuestra cuenta, no tendremos un dorsal y tampoco un diploma, pero si la satisfacción personal de hacerlo. El problema es que si vamos en septiembre y hacemos el recorrido supondrá, al menos en mi caso, una vez realizado que sin ninguna duda no volvería a intentarlo el año que viene, 2013, ya veríamos en otro futuro más lejano.

Posiblemente volvamos a hacer etapas largas de cientos y quizá varios cientos de kilómetros llenas de aventura porque como nos han dicho lo importante no se ha conseguido el día 19 de mayo, lo importante son todas las vivencias y experiencias que hemos tenido hasta llegar a este día.

Los 10.000 del Soplao.


Llevaba muchos meses visualizando esta imagen de verme en la línea de salida y también me había visto muchas veces llegando a meta llorando de alegría en las calles de Cabezón al pasar por la meta y después de lograr recorrer los 164km de la ruta.

Estábamos a unos minutos de salir y seguíamos hablando de la ropa elegida, de la lluvia, de las caras de los otros, otra vez de la ropa pero de los otros, de las bicis de los otros, de la cantidad de gente que había. Mucha información, yo intentaba memorizar que comenzábamos a 8 grados de temperatura en Cabezón, el nombre de la calle en la que estábamos, los metros que nos separaban hasta la esquina, el tiempo que tardábamos en pasar por la salida desde que empezara el primero… tenía los ojos muy abiertos intentando memorizar todos los datos de la ruta.

La bicicleta la llevaba perfecta, ruedas nuevas, discos de freno nuevos, ningún ruido raro, desengrasada y vuelta a engrasar, y a mi se me habían pasado todos los dolores, ni el hombro ni la espinilla de la pierna izquierda que me caí el día anterior en el camping y me pude haber cargado la prueba a unas horas del comienzo.

Saqué un “trípode” de una sola pata para hacer fotos desde más altura y captar mejor la sensación de la gran cantidad de ciclistas pero ni con estas las fotos reflejan la grandeza de la prueba. Algunos se me quedaban mirando, mientras algunos miran el peso que llevan y prescinden de lo que sea para evitar llegar unos gramos innecesarios yo llevaba un trípode, varias baterías para cámara, gps y luces, etc… pero no era el único, había varios con cámaras, uno con un paraguas que imagino que luego le daría a algún familiar o tiraría, y más gente con cosas raras.

Cuando dieron la salida no estoy seguro de que me diera cuenta, escuchamos unos petardos y después unos aplausos pero como no se movía nadie pensé que podría ser cualquier otra cosa, pasaron varios minutos hasta que empezamos a movernos.

Estuve muy pendiente de encender el gps y empezar a grabar la ruta, no quería hacerlo al principio para no estar grabando en parado, pero no quería despistarme y acordarme de encenderlo cuando llevara ya unos kilómetros recorridos, por esto a la primera duda de que empezábamos comencé a grabar el track, colocarme el pañuelo que me dejó David por olvidárseme el mío en casa, colocarme el casco, ponerme la cámara en la cabeza para quitarme el bulto de las manos y estirar un poco antes de arrancar.

No empezamos en la calle principal, a las 7:20am cuando llegamos ya estaba llena y también la mitad de la siguiente calle, cuando arrancamos empujando las bicis esta segunda calle se llenó y también las colindantes, realmente éramos mucha gente.

Fue cuando pasamos a la calle principal cuando pudimos montarnos en las bicis y empezar a pedalear despacio, empecé a grabar al público igual que ellos nos grababan y fotografiaban a nosotros, era una sensación distintas a otras pruebas en las que cada persona anima a su familiar o conocido, aquí todos animan a todos.

Al fondo se escuchaba la música de AC/DC a todo volumen me fijé en la hora que marcaba el reloj cuando pasamos por la línea de salida, 13min 15seg, en más de 13 minutos da tiempo a pasar a muchos centenares de ciclistas, empezaba con más de 2.000 personas por delante de mía pero mi prueba no era una carrera contra nadie, y tampoco contra mi mismo, era una carrera para mi.

Llevaba a David delante y a Roberto y Ángel Luis a un lado y seguía grabando toda la salida y disfrutando del momento, sabía que esto no iba a durar mucho y antes de que llegaran los malos momentos, duros y cansados, debía disfrutar de esta parte del día.

Al salir de Cabezón observé una cosa que fue la tónica de toda la prueba, en las subidas la gente se quedaba muy atrás no parece que se hubieran preparado para subir 4.500 metros pero sin embargo en las bajadas iban sin conocimiento bajando sin tocar los frenos, pasando a pocos centímetros unos de otros, si frenaban era en el último momento y muchas veces acompañado con un derrape.

No se que adelantan bajando así cuando luego en la siguiente subida van a perder todo, o cuando vamos subiendo en la posición 2600 y los ves en una bajada arriesgando todo por adelantar unos puestos y quedarse el 2550, creo que si eres malote en la bici, mejor ser malote con todos los huesos que malote con dos huesos rotos.

Los que de verdad van bien, han entrenado suficiente, quieren hacer un buen tiempo y no quieren tener problemas suelen madrugar para empezar lo más adelante posible y no tener que hacer los primeros kilómetros adelantando y siendo estorbados por cientos de ciclistas. Por esto como nosotros empezamos más atrás de la mitad, (salimos en el minuto 13 y el último salió en el minuto 19), incluso en la primera subida, hasta la ermita de San Antonio, no me adelantó prácticamente nadie, y fueron los pocos que lo hicieron subiendo porque en el resto de subidas nadie me adelantó.

Después de esta pequeña cuesta venía una bajada rápida por un camino ancho en el que la gente bajaba muy fuerte. Durante esta primera bajada vi varios botes de agua tirados por el medio del camino, en el resto de bajadas futuras por las que pasé no vi botes, imagino que los peor sujetos se cayeron pronto y los mejor sujetos aguantaron bien todo el recorrido. Esto de los botes era más peligroso de lo que parece, un tropiezo con uno de ellos suponía un vuelo seguro por encima de la bicicleta y contra el camino.

Esto es una de las cosas que también me han sorprendido, las bajadas. Después de muchos meses sufriendo en las subidas me he dado cuenta que no he entrenado y practicado suficiente las bajadas fuertes y rápidas de verdad.

En esta bajada nos encontramos a Roberto parado en la cuneta, algunos de los botes que habíamos visto por el camino era suyo, se apartó y fue a retirarlos, por una parte por recuperar los botes y el líquido pero por otra parte evitar el peligro de que se cayera alguien al suelo al pisarlo. Después de intentarlo consiguió recuperar uno, el otro fue imposible. Para recuperarlo hay que hacer algo similar a intentar cruzar una autovía en hora punta de tráfico. Imposible.

Respecto a llevar agua es otra cosa que este día era innecesario. Yo llevaba un bote de 750ml con polvos y en la mochila llevaba 1 litro de agua sola, la bolsa de la camelback es de 3 litros pero no quise llenarla para evitar peso y dejar más hueco para llevar ropa seca guardada. Cuando llegamos a meta tenía toda el agua, no había gastado ni una gota, bebí tres botes en tres avituallamientos y toda el agua de la lluvia que caía en mis labios que no era poca.

La segunda subida, también pequeña para todo lo que tiene la prueba, es llegar a la ermita de San Antón y desde allí otra bajada rápida hasta el primer avituallamiento en Caviedes el que llevábamos 21 kilómetros y llegamos a las 9:34h. que menos los 13 minutos que tardamos en salir fueron 1 hora y 20 minutos, una media más que suficiente para cumplir los objetivos.

Aquí estuvimos paramos 12 minutos en los que me acerqué a recoger plátanos para todos, unos pastelitos y un acuarios, cogí un plátano demás que le di a Roberto cuando llegó un poco más tarde de intentar recoger su bote de agua caído en las bajadas anteriores.

Desde aquí nos fuimos hasta La Cocina, otro pueblo en el que a la salida del mismo nos desviamos por un camino para ir a uno de los tramos más conocidos de la prueba, las lastras, es un camino con una pendiente de hasta el 18% en algún punto pero además lleno de piedras y barro. Antes de empezar y en los primeros metros que se podían hacer montado la gente ya se empezaba a bajar de la bici.

Se formó un tapón grande de gente empujando la bicicleta para arriba, aquí ya había empezado a llover, había empezado hacía ya un buen rato, nos tocó subir por un camino lleno de barro, piedras y una fuerte pendiente, empujando la bicicleta para arriba, íbamos aquí los 4 juntos. Yo miraba para arriba y veía los 100 metros de cuesta como algo duro pero típico que había que superar, pero después de esos 100 metros había otro tanto, y luego más, y luego más, así hasta algo más de dos kilómetros, dos duros kilómetros empujando la bici que consiguieron que me acordara del dolor de hombre que había olvidado hasta ahora.

Una vez terminadas las lastras y tras unos pocos metros de una bajada fácil la organización había puesto unas furgonetas cisternas con mangueras para echar agua a presión para limpiar las bicicletas, era algo necesario por la cantidad de barro que llevábamos ya en los cambios y eso que estábamos empezando. Nos volvimos a reagrupar los cuatro e iniciamos la subida a las Cuevas del Soplao.

En esta subida iba más fuerte de lo normal y empecé con un ritmo “rápido” que pude mantener toda la cuesta y fui adelantando a decenas y decenas de ciclistas, era como un reto ver a los 4 o 5 que tenía delante e intentar adelantarlos antes de llegar a la siguiente curva de las zetas que subían hasta las cuevas. Miraba para atrás y a Roberto lo iba manteniendo sin meter más distancia pero sabiendo yo que va mucho más fuerte que los demás simplemente que no me pasara ya me daba ánimos, David igual se iba manteniendo y sabía que en cualquier momento me podía sorprender y subir un plato o bajar algún piñón y ponerse a rueda como ya había hecho otras veces, pero de Ángel Luis sabía menos de su fuerza y entrenamientos y se iba quedando un poco atrás.

En realidad yo no sabía cuanto faltaba y cuando íbamos a llegar pero después de una curva vi una fachada de una casa junto a unas vías de tren turístico en la que ponía “El Soplao”. Me acordé que en verano David había estado aquí de vacaciones y que quería tener una fotografía en este punto. Pensé que si yo tiraba para adelante y le dejaba atrás no iba a parar para no perder tiempo así que lo mejor era que parara yo aquí y esperara a todos.

En menos de un minuto llegó Roberto y le llamé para que parara aquí para esperar y reagruparnos, y en otro minuto más llegó David y nos hicimos varias fotos mientras esperábamos a Ángel Luis pero nos estábamos quedando fríos de esperar y sabíamos que a poca distancia estaba el segundo avituallamiento, decidimos esperarle en el avituallamiento con unos plátanos para ir ganando tiempo y no enfriarnos, al continuar resultó que el avituallamiento estaba justo detrás de esta casa, a menos de 100 metros.

Aquí mientras todos se quedaban guardando las bicis yo me fui a por plátanos y comida para todos, en vez de uno cogí un manojo, y un par de puñaos de bollos y una lata de acuarios y una botella de agua para tirársela a la pinza de freno delantera que estaba tapizada de barro. La limpieza anterior con la manguera coloqué la bicicleta por el lado derecho para que me limpiaran el cambio pero las pinzas de freno pillaba en la izquierda y no me limpiaron nada empezando los frenos a hacer un ruido malo.

Esto fue otra de las cosas que observé en otros corredores, veía a muchos con las ruedas frenadas, los frenos les chillaban de una forma escandalosa, a algunos les comentaba algo sobre el ruido que llevaban y a la mayoría les miraba con cara de pena pensando que con ese ruido no llegarían al final, seguro.

Estuvimos parados 9 minutos, solo 9 minutos para dejar la bici, acercarme al puesto, coger comida para todos, volver, comer, estirar, ponerme el chaleco, y arrancar. Pensé que a este ritmo íbamos mal, llevábamos un mes entrenando con estiramientos y haciendo paradas para comer, beber, estirar, etc. y ahora íbamos corriendo. Roberto nos metió prisa para continuar rápido y yo solo me había comido los dos plátanos y puesto el chaleco, mientras todos se iban yo me comí un bollo, luego vi que quedaban más y me metí otro en la boca para el camino pero cuando arrancaba recordé que el siguiente avituallamiento estaba más lejos y abrí el bote para vaciarlo en la boca, no beber, vaciar en la boca, da igual que me mojara ya llevábamos mucho tiempo debajo de la lluvia y no me iba a mojar ni más ni menos de lo que estaba.

Pensé que no me importaba ir solo pero si me iba a importar desfallecer por falta de energía y me agaché para coger otro bollo que había dejado en el suelo y me lo metí en la boca como pude para iniciar una complicada bajada.

La bajada siguiente era calificada como peligrosa, era una camino ancho pero muy roto por los surcos de agua. Una bajada de casi 4 kilómetros realmente complicados para llegar a Celis en el kilómetro 37 y siendo ya las 11:44 am. cuando llegué abajo. Había bajado la media pero seguíamos en hora para cumplir con el objetivo. Para practicar bajadas como esta hay que hacer trialeras largas de muchos kilómetros, y más en el estado en el que estaba el camino este día lleno de agua y barro.

Cuando llegué abajo todos habían tirado para adelante sin parar en Celis, la verdad es que no me importó mucho porque pensé que tarde o temprano terminaría pillándolos, me encontraba fuerte y no me importaba perder algo de tiempo bajando sabiendo que lo iba a recuperar en las subidas.

Primero pillé a David porque me estuvo esperando, al ver que no bajaba de las cuevas disminuyó el ritmo y pronto me puse a su altura y juntos a nuestro ritmo empezamos a avanzar y adelantar a mucha gente que se iba parando por la lluvia, de Ángel Luis no sabíamos nada y suponíamos que iba delante nuestra con Roberto, seguimos al mismo ritmo y empezamos a adelantar a gente, íbamos dejando a muchos atrás.

Hasta Carmona hicimos otros 10 kilómetros “llanos” para lo que es esta ruta, 12:15pm. y kilómetro 47 de la prueba para iniciar otro punto duro del recorrido, la subida al Monte Aa. Este monte no es largo respecto a distancia pero tiene una pendiente considerable, son entre 4-5 kilómetros pero con tramos de 24% de pendiente, es una pendiente realmente dura pero que al no ser por tierra y ser por hormigón rallado en circunstancias normales podría subir encima de la bici pero entre tanta gente y pensando en todo lo que quedaba lo hice andando en muchos tramos.

Yo iba mirando para atrás para cuando venía un valiente subido encima de la bici haciendo eses luchando por no caerse no se viera entorpecido ni por mi ni por nadie, ya que yo iba ayudando y gritando para que se apartaran y animando al que lo intentaba. David tenía el reto de no bajarse de la bici en todo el recorrido. En las lastras de la subida al monte de la ermita de San Antonio ya lo intentó en varios tramos, pero había demasiada gente y el terreno estaba demasiado mal, pero aquí en el Monte Aa no se quiso bajar y consiguió llegar arriba sin bajarse.

Había leído que esta cuesta estaba entre los kilómetros 45 y 50 y no merecía la pena gastar energía y esfuerzo con la cantidad de kilómetros y metros por ascender que restaban a la prueba a no ser que tu intención fuera hacer un buen tiempo o estuvieras muy fuerte. Pero para una persona normal cuyo objetivo sea terminar no merece la pena cansarse aquí. Por otra parte el reto de no bajarse también es importante.

Cuando David llegó arriba me tuvo que esperar unos pocos segundos, no llegó ni a un minuto, entre subir montado y empujar deprisa la bici no hay diferencia en tiempo y sin parar tiramos para abajo en otra vertiginosa pendiente. Definitivamente si alguna vez vuelto a intentar superar esta prueba intentaré mejorar la técnica en las bajadas.

Seguimos sin parar y llegamos a Ruente, kilómetro 60 de la ruta, aquí sabíamos que llevábamos a Roberto por delante pero no cuanto por delante, desde que bajamos de las Cuevas de El Soplao no lo habíamos visto, y por un lado pensábamos que Ángel Luis iba delante nuestra porque no le habíamos vuelto a ver pero por otra parte aun estando medio llaneando nos extrañaba que en los pocos repechos que habíamos pasado no lo hubiéramos adelantado.

En Ruente hay un puente que hay que pasar de uno es uno, es otra imagen típica de la prueba, y otro de los muchos pueblos por los que se pasa y están llenos de gente animando. Hago otro inciso para comentar sensaciones durante la prueba, y es la animación de la gente. Esto es especial, durante el trayecto en muchos puntos había gente animando, aplaudiendo y gritando, llamándonos campeones, valientes y otros gritos de ánimos. Por ejemplo en la salida, cuando pasé por el arco de salida el primero había pasado hacía más de 13 minutos y la gente me animaba como si fuera el primero, pero así durante el kilómetro que hicimos hasta llegar al primer camino que estábamos rodeados de gente gritándonos.

Al cruzar cada pueblo los ánimos eran los mismos pero es que además hoy estaba lloviendo sin parar, llevábamos muchas horas bajo la lluvia pero por lo menos era haciendo lo que nos gusta, pero para el público es solo ver pasar a uno, a otro, a otro y así hasta más de 4.000 ciclistas a los que no conoces o en el mejor de los casos conoces a uno y estás durante una o dos horas gritando y dando fuerza a todos con los que se cruzan. Por último respecto a esto desmitificar también tantas bondades y pensemos que la mayoría de la gente que nos anima no son gente local, muchos son las mujeres, primos, amigos, etc... de los otros participantes.


Otra cosa en la que me fijé fue en la calidad de las bicicletas. Vi muchas bicis buenas pero también muchas de clase medio o incluso baratas. En cicloturistas de pueblos en las que he participado he visto mejores bicicletas, quizá el motivo sea que me moví entre la parte de atrás de los ciclistas y los primeros llevaban super bicicletas pero entre lo que me moví no me dio la sensación de estar rodeado de profesionales, vi muchas bicicletas normales del Decathlon, y también alguna con frenos v-brake, a un hombre que sacó una botella de dos litros de Fanta naranja del hueco del botellero, echó un trago y volvió a dejar la botella en su sitio, a alguno con una cesta en el manillar...

Pero al mayor friqui que vimos fue en el avituallamiento de El Moral, estando arriba bajo un toldo resguardándonos de la lluvia vimos a un tío con pinta de ciclista por el casco, pero llevaba un chubasquero naranja con un cartel de Cabezón de la Sal que nos hacía pensar que era de la organización, pero cuando abrió su mochila se le veía un paquete de tabaco, entonces ya muerto de curiosidad le pregunté que si era participante o de la organización, me contestó de participante y al decirle yo que lo había dudado al ver el paquete de tabaco me contestó con voz macarra que hay tiempo para todo, para la bici y para el tabaco y que después de una subida le gustaba echarse un cigarrillo. Un personaje.

Antes de llegar a Ruente y Ucieda nos cruzamos con muchos ciclistas que iban en dirección contraria, por una parte pensábamos que eran los primeros pero iban tan despacio que no era posible, por otra parte pensábamos que eran abandonos por la lluvia y frío pero eran tantísima gente la que iba en dirección contraria que no lo veíamos posible. Esto a mi me animaba a seguir, cuanta más gente abandone más dura será la prueba y más importante que nosotros acabáramos pero a David por un momento le desmotivó pensar que tanta gente se retiraba y que a nosotros nos podía pasar lo mismo en cualquier momento.

No paramos en Ruente y tampoco en Ucieda y al llegar aquí llegamos tercer avituallamiento en el kilómetro 65 de nuestra ruta. El avituallamiento estaba en un ancho apartado del camino y había una carpa grande. El avituallamiento era un barrizal enorme, no se podía ni andar. Era como un charco gigante y para moverte tenías que ir sobre el barro, césped y agua. Aquí estuvimos paramos 25 minutos, desde las 13:35 a las 14:00h. Nada más llegar David me empezó a regañar por la poca ropa que llevaba.

Yo iba muy bien y cómodo respecto a temperatura pero iba empapado. Durante la ruta pensaba en David en dos ocasiones, una cuando el agua me daba en los ojos y se me metía barro no dejándome ver o cuando las gafas se me manchaban de barro, había momentos en los que me costaba ver, en esos momentos pensaba que si yo lo estaba pasando mal David probablemente peor porque se le estarían empañando sus gafas graduadas. Y otro momento en el que pensaba en él era cuando yo pasaba un poco de frío, él mucho más friolero que yo debía tener la sensación que yo tengo por lo menos con 5 grados menos, frío para mi es mucho frío para él y en alguna ocasión yo pasé mucho frío.

Cuando paramos en el tercer avituallamiento lo primero que hizo David fue regañarme, me gritaba que mirara alrededor mío y le dijera a cuantas personas veía bajo la lluvia de manga corta, con pantalones cortos se veían a pocos pero todavía quedaba alguno pero de manga corta estaba yo solo. Fue parar y me empecé a quedar frío, hasta aquí iba bien y sabía que abrigarme mucho no me iba a servir, además ahora tocaba una larga subida de unos 10 kilómetros hasta la cima de El Moral. Pero por otra parte tenía razón me estaba quedando frío ahí parado, eché en el casco, que utilizo como si fuera una cesta de la compra en los avituallamiento, un par de bocadillos de jamón para cada uno, un par de plátanos para cada uno, una lata y unos bollos y volví con David y las bicicletas.

Me terminé deprisa toda la comida y David me ayudó a ponerme los manguitos pero no las perneras tenía las piernas llenas de barro y todavía las quería reservar para momentos más críticos con la temperatura, los estaba reservando para la bajada de El Moral pero la verdad es que tenía razón y no era cuestión de hacer el tonto y quedarme frío, realmente era la única persona allí en manga corta. En este momento David se llevó un disgusto, su gps no estaba grabando la ruta, la ruta más importante que quería grabar y la estaba perdiendo. Mientras se lió a cambiar las pilas y solucionar el problema me acerqué a por otro bocadillo y a la vuelta vi a Ángel Luis que aparecía por ahí.

Le habíamos adelantado y no nos habíamos dado cuenta. No se en que punto pero después de llevar 10 minutos comiendo apareció y se fue a poner cerca de nosotros y por esto le vimos, nosotros estábamos convencidos de que estaba por delante con Roberto. Mientras David seguía con las pilas y Ángel Luis se comía lo suyo yo me fui a por un cuarto bocata de jamón y otro bollo antes de salir, incluso si no fuera porque era el único con ganas de comer me hubiera comido otro o otros dos bocatas. En cualquier caso no hice caso al consejo de no comer mucho, mi intención era terminar la carrera y para mi todavía quedaban muchos kilómetros y muchos metros y pensé que iba a necesitar mucha comida y mucha energía para no terminar agotado.

Arrancamos dirección a El Moral con mucha gente en dirección contraria abandonando la prueba David y yo llevábamos un mismo ritmo pero Ángel Luis se iba quedando un poco atrás hasta que en el primer kilómetro David me dijo que el chubasquero que se había puesto le estaba dando calor, yo también tenía calor con los manguitos pero por no pinchar no dije nada, cuando paramos le ayudé a guardar su traje de agua y el me ayudó con los manguitos y mientras Ángel Luis nos adelantó pero al vernos quitarnos ropa él hizo lo mismo le pasamos y ya no le volvimos a ver.

Subimos a un ritmo muy bueno, adelantando a decenas de ciclistas, muchos subían ya con las bicis muy tocadas, muchos muertos de frío y otros con muchos kilómetros de menos de entrenamiento, nosotros no es que seamos dos fuera de serie, por la hora que llevábamos solo podíamos asegurar que íbamos bien para terminar pero a todos los que adelantabamos creo que lo tenían complicado para terminar.

A mitad de la subida vimos como bajaba una moto avisando que nos fueramos poniendo a la derecha que en breve bajarian los primeros por el mismo camino por el que nosotros subíamos. Esto provocó que me empezara a dar miedo adelantar, los cadáveres a los que iba adelantando iban por el centro del camino, para adelantarles por la derecha me tenía que meter pisando la cuneta embarrada y por la izquierda invadía el carril contrario con el peligro que ello conllevaba.

Cuando me crucé con el primero y luego con los siguientes me pareció espectacular, parece una exageración pero me dio la sensación de que el suelo temblaba, no veía más de 50 metros por delante mía, no es que hubiera niebla es que estábamos dentro de una nube, se escuchaba de fondo un ruido fuerte como si bajara un vehículo, un silbido fuerte y cruzarse contigo que subes a 9-12 km/h y cansado con un ciclista fuerte lanzado a 60 o 70 km/h. es impresionante.

Aquí estuve unos kilómetros que no veía a David, iba adelantando a muchos ciclistas con miedo por si me cruzaba con uno que bajara en ese momento pero no veía a David que iba por delante mía, a falta de un par de kilómetros para coronar le alcancé y terminamos juntos. Me dijo que se alegraba de verme porque al subir juntos en la cima no perderíamos tiempo esperándonos y podríamos bajar rápido sin enfriarnos mucho. Seguía lloviendo y según ascendíamos bajaba la temperatura.

Juntos seguimos adelantando cadáveres en bicicleta de los que yo seguía seguro que no iban a terminar, si consideraba que yo iba justo para terminar al que yo adelantara iba menos que justo pero cada uno tiene su reto y estábamos todos dando lo máximo que teníamos para cumplir.

A falta de 300 metros pasamos junto a otro mito de la prueba, un tal Yayo que llegando a la cima y con un cencerro te anima de una forma un tanto peculiar. Lo que hace es llamarte vago, decirte que el primero pasó hace horas por este punto, que has perdido muchos días de entrenamiento si solo haces esto, etc... cuando lo vi al fondo junto con otra persona pensé en los “ánimos” que me iba a dar pero sin embargo le escuché decir algo que me desconcertó.

Decía, vamos chicos que os faltan 200 metros y esto se termina, han suspendido la prueba por el frío y los casos de hipotermia de varios ciclistas, esto se lo decía al que iba delante mía, David se había escapado unos 20 metros y no lo había oído, cuando llegué a su altura le pregunté y me repitió lo mismo y entonces le dije, pero que me cuentas de frío ¿es que no ves que voy de manga corta?, se me quedó mirando y le dió un codazo a su compañero para que se fijara en mi que efectivamente iba con pantalón corto y maillot corto y con guantes de verano con los dedos al descubierto.

Volví a apretar y pasamos en el mismo minuto y segundo David y yo por el punto de control de El Moral, los dos muy enteros, los dos con muchas ganas y fuerzas pero desconcertados por los abandonos que veíamos y lo que nos habían dicho, no sabíamos que iba a pasar a partir de ahora, solo que teníamos que parar y descansar 10 minutos después de la larga subida y así dábamos tiempo a Ángel Luis a que nos pillara, hacíamos unas llamadas por teléfono y nos abrigábamos para bajar a La Pombieja y Los Tojos.

Cuando pasamos por el punto de control nos marcó el tiempo de 7:40 minutos, es decir eran las 15:40h. el kilómetro 77 de la ruta.

Fue parar y entrarme frío, David se empezó a abrigar y me dijo que hiciera lo mismo, pero al parar me empecé a quedar frío tan rápido que no tenía fuerzas para quitarme las zapatillas, quería cambiarme de calcetines y ponerme unos secos, volver a ponerme los manguitos, también las perneras y los cubre botas para proteger los pies en la bajada, me puse una cazadora fina encima del chaleco, y también me cambié de guantes por unos de invierno, pero durante todo este rato estaba debajo de la lluvia, me duró la ropa seca justo el tiempo que tardé en ponérmela. Al terminar de vestirme ya estaba otra vez mojado pero con más ropa encima.

David había hablado por teléfono con Roberto y le había dicho que había bajado el Moral por el lado que continúa la ruta pero que allí le habían cortado y no le habían dejado terminar, le dijo que nos esperaba a que bajaramos pero le explicamos que alguien de la organización nos había dicho que si volvíamos por la carretera no nos contarían los tiempo, que debíamos volver por el Moral, Ruente y Cabezón por el sentido de la ruta, por esto le dijimos que le esperábamos nosotros a él a que subiera. Es decir, David y yo estábamos en la cima esperando a Roberto a que se diera la vuelta que se había pasado y esperando a Ángel Luis a que subiera para volver a bajar.

El tiempo que estuvimos arriba fue de 1 hora exacta, 60 minutos debajo de la lluvia porque estando allí desmontaron el pequeño toldo que había para repartir agua y bebida isotónica, y la gente se empezó a ir. Cuando llevábamos allí una hora le dije a David que nos habíamos quedado solos, todo el mundo se había ido y ni Roberto ni Ángel Luis aparecían, había subido y llegado hasta aquí muy bien y había pasado a tener una cara de zombi que no era normal.

Acordamos en bajar ya antes de que nos echaran o desapareciera incluso los de la organización y despacio por la niebla, por el frío, por el agua y por la poca sensibilidad en las manos empezamos a bajar para volver a Cabezón de la Sal.

Aquí yo tenía una sensación rara. Por una parte cuando me dijeron que la prueba se había anulado me alegré, llevaba 7 horas pedaleando bajo la lluvia y no es agradable, pero además con frío y por caminos muy rotos, con mucho respeto a las bajadas y con subidas muy duras llenas de barro, pero por otra parte me fastidió encontrarme tan fuerte y con posibilidades reales de terminar y tener que abandonar o mejor dicho obligado a abandonar.

Por un momento pensé en que lo suyo sería bajar el Moral dirección Los Tojos que es como continúa la prueba y que fuera allí donde me mandaran desde la organización para atrás para volver a subir y bajar el Moral pero pensándolo detenidamente no tenía sentido bajar helado por un lado de la montaña para que después de tomar un café te manden para atrás y volver a subir con tanto frío y lluvia, al reto personal no añade nada, la prueba estaría igualmente sin terminar, en kilómetros apenas hubiera añadido 15 o 20 kilómetros, pero sobre todo el pensamiento más negativo era que no servía de nada ese esfuerzo. La prueba se había cancelado.

Estando allí las informaciones eran muy confusas, nos decían que los servicios médicos podían atender todos los casos de hipotermia que se estaban dando, que hubo un momento en el que la gente que intentaba subir Fuentes se quedaba a media altura y no podía ni bajar por sus propios medios, tenían que subir en coche a por ellos en estado grave. En un primer momento no reconocía tanto problema, había subido en manga corta y tenía todavía ropa seca guardada, además del maillot de manga larga que había dejado a la mujer de Miguel Ángel para reservar para última hora algo seco y abrigado, pero al poco tiempo de estar allí arriba parado me empezó a cambiar la cara.

David me dijo que mientras esperábamos que regresara Roberto y llegara Ángel Luis para terminar los 4 juntos debíamos cambiarnos a abrigarnos, si abajo en el avituallamiento ya era la única persona de manga corta aquí empezaba a ser un suicidio. Pero perdí temperatura a pasos agigantados, pasé de llegar muy bien a en escasos cinco minutos quedarme helado como para costarme quitarme la poca ropa que tenía mojada y ponerme ropa seca.

David me tuvo que ayudar a desabrocharme las zapatillas para ponerme unos calcetines secos, perneras y cubrebotas, pero en este momento la lluvia empezó a apretar, había un pequeño toldo en el que daban agua y bebidas isotónicas lleno de gente resguardandose pero al poco tiempo empezaron a desmontarlo. Ya eran pocos los que llegaban arriba, muchos se daban la vuelta antes sin llegar a subir el Moral.

Cuando conseguí ponerme toda la ropa seca que me quedaba más una térmica que me dejó David y el traje de agua ya estaba otra vez empapado, me había vestido debajo de una tormenta, algo absurdo que me sirvió para llegar más ropa encima y quizá bajar más caliente o mejor dicho sin que me diera el aire directamente en la piel pero respecto a mojado iba igual que antes.

Cuando llevábamos una hora debajo del toldo, empapados, con mucho frío y cara de zombis le dije a David que era absurdo que siguieramos esperando a Roberto y Ángel Luis, el primero tardaba mucho en subir y luego la bajada la haría más rápida que yo, lo suyo sería bajar y llegado el caso esperar en Cabezón para saludarnos y “felicitarnos” allí, y Ángel Luis subía algo más pegado y era posible que no hubiera llegado al final si le habían avisado de que la prueba se había cortado. Estábamos los dos abandonados y solos la cima sin saber si hacer una cosa u otra. Por esto decidimos bajar despacio hasta la meta para ver qué pasaba.

La sensación además del frío, de ir atravesando una nube, de la cantidad de agua que nos caía, de la temperatura, de tener poca fuerza en los dedos para cambiar de piñones, para girar, para ver correctamente el camino era de admiración máxima a los pocos que habían terminado la prueba. Eran solo unos pocos elegidos los que consiguieron terminarla y pasar por el corte antes de que se empezaran a suceder los abandonos masivos y los múltiples casos de hipotermia y la organización se desbordara por los casos de urgencias médicas pero esta gente que consiguió hacer toda la prueba son unos fuera de serie que rozan lo profesional.

Durante la bajada iba frenando mucho para controlar la bicicleta, y en las curvas cuando pasaba por zonas con piedras suelta observé que perdía mucho agarre, entonces me acordé de como bajaban los primeros cuando me cruzaba con ellos en este punto, con las bicicletas que parecían volar por encima del suelo que apenas tocaban.

El sobrenombre de “El Infierno Cántabro” que tiene la prueba se estaba consolidando. Esta prueba más que nunca fue un Infierno.

Al regresar a Ucieda la lluvia era igual de intensa pero la temperatura había subido unos grados, en El Moral estábamos a 3ºC y según dicen por el viento, el agua de la lluvia, la ausencia de sol, etc... había una sensación térmica en cuerpo de -3ºC, aquí habíamos subido a 6ºC, para lo que habíamos pasado algo casi veraniego.

Nos fastidiaba y mucho vernos tan fuertes. Íbamos esprintando, sin hacer tonterías no fuera a ser que tuviéramos una caída por el suelo mojado entre los coches que pasaban por la carretera pero muy rápidos. Entramos en Cabezón y nos dirigimos a la meta, primero para que constara que habíamos pasado por aquí y segundo por la ilusión de hacerlo.

Había gente, me imagino que mucha menos que si no estuviera lloviendo, pero había gente detrás de las vallas gritándonos y llamándonos campeones, a mi me gustaba y lo hice durante toda la prueba devolverles una sonrisa o un gracias para que se sintieran ellos también recompensados y siguieran animando al de más atrás como lo hacían conmigo. Y antes de pasar por el arco David y yo levantamos las manos, nos dimos la mano y compartimos la entrada juntos.

Como empecé la entrada este momento lo había visualizado muchas semanas antes, al pensar en este momento me entraban ganas de llorar y sabía que si lograba terminar lloraría en las calles de Cabezón pero sin embargo no lo hice, entré de una forma fría, y no me refiero a la temperatura, frío en el sentido de que después de tener muchas dudas de si lograría superar este reto ahora tenía claro que si lo hubiera logrado en unas condiciones normales y que por la climatología y cortar la prueba no lo había superado.

No lo sabíamos pero al pasar por meta la organización detecta el chip que llevas en el dorsal y dice tu nombre, después de escuchar nuestros nombres por el altavoz de meta nos dimos un abrazo cogimos una botella de bebida que nos daban y nos dirigimos a la carpa de las inscripciones donde sabíamos que daban comida y bebida.

Por la cantidad de kilómetros que hicimos, por la cantidad de metros, por el tiempo que llevábamos por el tiempo que nos quedaba, los kilómetros que nos quedaban, los metros que nos quedaba por el cansancio que teníamos, por como estaba planteada la etapa, la comida, todo, absolutamente todo, estoy convencido de que hubiéramos llegado.

Yo personalmente llevaba tres objetivos, el primero era terminar, es decir 16 horas para hacer el recorrido, el segundo era un “objetivo mejorado” que era ganar una hora y hacerlo en 15 horas, y el tercero era un objetivo campeón pero no imposible que consistía en hacerlo en 14 horas. Pasaré mucho tiempo sin olvidar lo sucedido este día y sin saber que hubiera pasado en otras condiciones, estoy convencido de que hubiera terminado y el objetivo lo hubiera conseguido, me he hecho las siguientes cuentas.

Tardé 7:40 horas en coronar El Moral, en condiciones normales sin descansar ya que era cuesta abajo comienzo la subida a Fuentes una hora después y ya me he dado 20 minutos abajo para comer una barrita o un par de plátanos que llevaba en el bolsillo trasera del maillot. Luego tenía dos horas de subida hasta la cumbre de Fuentes, subir Ozcava me puede suponer máximo otra hora, y el último Moral otra otra más, las bajadas son más “cómodas” pero también llevan su tiempo, pongamos media hora de bajar Fuentes, y 20 minutos de bajar Ozcaba y 1 hora de llegar a Cabezón desde El Moral, y a todo esto le sumo una hora más en paradas para comer. Me da un resultado de 14 horas. Esto está pensado para en el mejor de los casos pero todavía tenía dos horas de margen, que no es poco este tiempo, para cumplir el objetivo.

Pero todo esto no son más que pájaras mentales, la única realidad es que no pudimos completarlo y no sabemos con seguridad hasta donde hubiéramos llegado.

Me había prometido y hecho público en casa que el año que viene, 2013, no volvería a prepararme para volver a este Infierno Cántabro y lo tenía más que claro, ahora tengo dudas y hay posibilidades de que lo vuelva a intentar, no es lo mismo conseguirlo y dejarlo que no conseguirlo y dejarlo, pero creo que es peor aún pensar que lo podría conseguir y por circunstancias ajenas no haberlo hecho.

David tiene claro y seguridad en que en el año 2013 vuelve a presentar a la VII edición en BTT de Los 10.000 del Soplao, y además con objetivos más agresivos, llegar de día, no utilizar focos como este año que llevábamos preparados para la noche. Yo a cambio le he hecho otra propuesta, ir un fin de semana en septiembre con la familia y pasar un fin de semana allí, nosotros podríamos hacer el recorrido, calcular tiempos y quitarnos la espinita de completar la ruta en menos de 16 horas. No necesito un reconocimiento público de un diploma impreso en mi casa pero si quiero mi reconocimiento y seguridad de poder decir Yo soy capaz de hacer ese recorrido y hasta hoy no me lo he podido demostrar.

Ver las clasificaciones en las que hemos llegado arriba con un buen tiempo, cuando adelanté a cientos de ciclistas en cada cuesta arriba, cuando me cruzaba con cientos de abandonos, cuando adelantaba a ciclistas por los que no apostaba que terminaran, y luego ver las clasificaciones en las que solo aparecen 36 corredores por detrás mía, estoy en la última hoja, me parece injusto, como les puede parecer a los que llegaron más lejos y ni siquiera aparecen en la clasificación por no pasar por meta al pensar que la prueba había sido anulada. Son unas clasificaciones erróneas en las que no han hecho ni categorías, tengo el mismo tiempo en la general que por mi categoría. Muchos datos, muchos errores que han desvirtuado el reto número uno de este año en bici.

Después de comer un poco de pasta, pan, fruta y bollos nos fuimos todavía tiritando al coche para cargar las bicis y llegar al camping donde ya estaba Ángel Luis duchado, nos contó que llegó arriba del Moral medía hora después que nosotros pero que vió a poca gente, solo a un grupo debajo de un toldo (justo donde estábamos nosotros) pero que como llovía y hacía frío no se paró pensando en que nosotros ya nos habíamos ido y se volvió sin mirar mucho, por esto después de subir media hora después terminó mucho antes, aún eso todavía nos quedamos nosotros otra media hora después de que se fuera él de allí.

Al llegar al camping el reto era entrar en calor, en una cabaña de madera sin calefacción, nosotros íbamos preparados para ir a un hotel, sin toallas, con solo lo imprescindible y nos encontramos un poco abandonados. Utilizando de toalla la funda protectora de un colchón de unas de las camas libres y con ropa limpia y seca me fui a la ducha donde me quedé debajo del agua caliente más de una hora.

No cenamos mucho, nos tomamos un café en la cafetería del camping y sin ver el final del partido de la champions league nos fuimos a la cabañas. Estábamos muy cansados después de dos noche seguidas durmiendo poco y la carrera, lluvia y frío de este día. Nos acostamos para regresar pronto el domingo a casa y seguir pensando en próximos objetivos.

viernes, 18 de mayo de 2012

Nos vamos a Cabezón de la Sal.

Por fin llegaba el gran momento esperado durante varios meses, habíamos quedado a las 6:30am para salir ya con las bicicletas cargadas, David estaba ya listo esperando junto al coche y eso que yo también bajé unos minutos antes de lo acordado, subí de nuevo a casa a por otra bolsa cuando llegó Ángel Luis que iba a hacer el viaje con nosotros, cada uno en su coche pero juntos durante el recorrido. También se acercó Roberto para dejar su DNI y que le pudiéramos recoger su dorsal, él no podía ir por la mañana y llegaría ya muy tarde, además con familia y a otro sitio por lo que no podía recogerla él.


Salimos muy puntuales, sin perder tiempo para cruzar Madrid lo más rápido posible. Ángel Luis en su coche con su bici detrás de nosotros con nuestro coche con las dos bicis guiados por un GPS con unos mapas de hace muchos años nos metió por la M40 y luego por la Ctra. de Burgos que no era el camino mejor ni más rápido para llegar a Cabezón de la Sal.

Nos comunicábamos de coche a coche con unos walkytalkies de Ángel Luis y al salir de Madrid nos llamamos para hacer la primera parada para tomar un café.

Allí comentamos detalles del viaje y lo planificado para este día y le dijimos a Ángel Luis que nosotros teníamos una habitación doble en un hotel a 3 kilómetros de Cabezón y él tenía una cabañas en un camping a 12 kilómetros de Cabezón pero su cabaña que costaba la mitad era para 5 personas y estaba él solo.

La idea de compartir la cabaña era muy tentadora. Todos ahorraríamos dinero y además íbamos a estar más acompañado y podríamos hablar más sobre el tema del fin de semana que no era otro que la carrera del sábado.

Después del café nos intercambiamos de conductores y continuamos. En el coche David y yo antes de decidir nada leímos las condiciones de la reserva en el hotel y calculamos que aunque nos penalizaran con un 15% del precio por anular el mismo día de entrada nos seguía interesando, por lo que llamé por teléfono para explicar que por una caída en bici no podía participar en la prueba ni ir a Cabezón y me contestaron que sin problemas anulaban la reserva y no nos iban a cobrar nada por ello.

Se lo dijimos por el walkytalkie a Ángel Luis y continuamos dirección a Burgos. Mientras tanto David y yo íbamos hablando sobre la ropa que llevábamos para la prueba, sobre que decían en los foros y habíamos leído en internet que iba a llover mucho, pero sin embargo anunciaban poco frío, con temperaturas entre 10 y 15 grados. Discutíamos sobre si era mejor ir de corto o de largo. David en un principio opinaba que de largo, yo decía que si llovía la ropa larga se iba a empapar más e iba a ser más incomoda, además subiendo íbamos a sudar más, mejor de corto y abrigarse en las bajadas. Las dos teorías eran buenas, dependía ya no tanto de la lluvia que era fija sino de la temperatura que era lo que más variaba dependiendo de donde consultábamos y de que no era la misma en un punto de la ruta a nivel del mar que en otro punto en lo alto de un puerto de montaña.

Uno al otro nos empezamos a agobiar, cada uno confundía al otro y en un momento de desesperación pensé que no llevaba suficiente ropa, hicimos una parada de emergencia en un Decathlon en Burgos que nos costó un par de vueltas encontrar y me compré un chaleco amarillo impermeable por el pecho y de rejilla por la espalda ideal para las bajadas.

Ángel Luis me dijo que él tenía uno parecido en negro y que otro lo tenía igual que este y que iban muy bien para el frío en las bajadas, así que se convirtió en la prenda de la semana y en el cachondeo del viaje. Nos servía para cualquier broma.

Cuando salimos de Burgos íbamos hablando y nos despistamos en una salida y terminamos en una carretera de peaje dirección a Vitoria, perdimos unos minutos en dar la vuelta y 1 euro de peaje, pero por fin salimos, continuamos y llegamos a Cabezón.

Fuimos directos al camping porque habíamos quedado en  llevar cada uno su comida. Compramos 4 barras de pan para comer, cenar, y desayunar, el pan son hidratos que es lo que necesitamos comer estos días. Después de meternos un par de bocatas de tortilla cada uno y un buen plato de pasta Ángel Luis pensamos en que ya era hora de ir a Cabezón a recoger los dorsales de cada uno, más el de Roberto.

En Cabezón nos fijamos en sitios para aparcar el día siguiente pero nos dimos cuenta que iba a ser difícil, había cientos de coches llenando calles, aparcamientos públicos y arcenes de carreteras, las calles ya estaban decoradas con las vallas de la organización y nada más pasar en un parque había una carpa grande en la que la organización repartía los dorsales.

La organización era rápida y ágil, un montón de puestos divididos en dosales de 200 en 200, te ponías en fila y en unos muy pocos minutos salías con tu bolsa con el maillot, una botella, una pulsera, algún papel de propaganda y firmado el seguro federativo por un día si no estás federado.


Una vez hecho esto pensamos en dar un paseo por Cabezón antes de ir a cenar y descansar cuando nos encontramos con otros alcazareños, con Miguel Ángel y Bauti que además iban con sus mujeres, tras los saludos y  dar otra vuelta nos fuimos todos a tomar un café. Bauti que no le conocíamos ninguno nos dio una clase magistral sobre la prueba, donde teníamos que parar, donde teníamos que apretar y donde teníamos que dosificar, un montón de bromas y de risas intercalado con chistes hasta que nos preguntó por la comida y cena.

La comida la habíamos hecho casi bien pero para cenar no habíamos pensado en nada, pero como nos sabíamos la respuesta contestamos que espaguetis.

Nos levantamos después de la invitación de Bauti y nos fuimos a buscar un restaurante en el que comer pasta. Al pasar por la calle principal vimos un pequeño supermercado y pasamos a comprar.

Como en un principio íbamos a hotel la cena era en restaurante pero ahora en el camping teníamos cocina, nos compramos medio kilo de espaguetis, y como a mi no me gustan con tomate ni con atún, la pasta me gusta sola, compramos por consejo de Ángel Luis nata, beicon y queso rallado para hacer una olla entera de pasta.

Para ser algo improvisado nos salió algo bueno, bonito y barato, nos comimos un platazo cada uno con media barra de pan cada uno y compartimos unos pocos con Ángel Luis aunque él ya traía desde Alcázar, luego plátanos otro café en la cafetería del camping y preparar la ropa.

Volvimos a comentar las estrategias de tipo de prendas, ¿de largo o de corto? yo lo tenía claro, en las pruebas que había hecho durante los entrenamientos recordaba el día de lluvia en Alcaraz, el día de frío estremo en Albacete y también en Cercedilla, el día frío con poca ropa en La Pedriza... para mi era mejor no sudar en las subidas y abrigarse en las bajadas. Mi elección era pantalón corto, camiseta termica sin mangas y maillot de manga corta, guardado en la mochila unos manguitos para los brazos, unas perneras para las últimas bajadas, unos cubrebotas por si me pasaba como en las zetas de Madrid, el chaleco nuevo para abrigarme en las primeras bajadas en las que todavía no hiciera mucho frío y un traje de agua por si llovía mucho y tocaba bajar sudado. Como complemento le daríamos a las mujeres de Miguel Ángel y Bauti las luces (indudablemente terminaría de noche) y un maillot de manga larga para reservar algo seco y de abrigo para última hora.

David y Ángel Luis hicieron algo parecido solo que David empezó ya con los manguitos y Ángel Luis además con su chaleco negro. Cuando quedamos a las 6:30 am del día siguiente con Roberto Riquelme se presentó con el traje de invierno. Se notó que no había estado por la noche con nosotros hablando y discutiendo sobre cual era la mejor elección en ropa. Así no le liamos.

Por la noche dormimos poco, me desperté a las 3:00am y estaba diluviando, pensé mientras intentaba volver dormirme que mejor así, si habían anunciado lluvias de 17 litros/día y durante la noche ya llovía esa cantidad durante el día íbamos a ir secos. Que forma de llover, siguió lloviendo y lloviendo hasta que a las 5:30am sonó el despertador.

Me levanté deprisa y a los 5 minutos ya estaba haciendo una barra entera de pan de tostadas con la mantequilla y mermelada que compramos en la tienda la tarde anterior, un montón de galletas de avena, unos plátanos, leche, protectores estomacales, ibuprofenos, vitaminas, todo lo necesario para afrontar el día más duro de nuestra corta vida deportiva.

Queríamos estar en la línea de salida a las 7:00am pero llegamos un poco más tarde, a las 7:15am cuando quisimos colocarnos la calle se había llenado, giraba en otra dirección y en la curva vimos a Miguel Ángel y Bauti que saludamos mientras nos íbamos más para atrás, y cuando nos colocamos pensando que íbamos a ser los últimos todavía llegaron cientos de ciclistas más, llenaron esta segunda calle, y las perpendiculares a esta.

Estábamos los 4 con los trajes de Bike Friend, rodeados de gente de toda España haciendose fotos, estirando, rezando, saludando, felicitándose, riéndose, cada uno pasaba los últimos minutos antes de la señal de salida como podía. Faltaban muy pocos minutos para que diera comienzo una de las mejores pruebras BTT de España "Los 10.000 del Soplao" El infierno cántabro.