domingo, 29 de julio de 2012

Excursión en bici a Ruidera desde Alcázar de San Juan.

La idea para hoy era transformar una ruta dura y/o larga en kilómetros en una ruta asequible para más gente, entre otros para Belén, y para conseguir esto lo que tenía que hacer es añadir tiempo a la ruta, así bajaríamos la dificultad hasta el nivel que fuera necesario.

La propuesta para hoy como último entrenamiento para Belén antes de irnos a los Países Bajos era ir de Alcázar de San Juan a Ruidera sin prisas, parar allí para comer bien comidos, darnos un baño si se terciaba, descansar como si hubiéramos terminado y vuelta a casa en bicicleta deshaciendo el camino recorrido y llegar para dormir con unos 120 kilómetros en las piernas y culo.

Esto es parecido a lo que tengo planificado hacer los cuatro, David, Carolina, Belén y yo, en la etapa más larga de Holanda. El tercer día tengo diseñada una ruta de 109 kilómetros del punto A al punto B que si sumamos, fotos, visitas, equivocaciones, y otras cosas es fácil que sumemos otros 10 ó 15 kilómetros más.

La propuesta de Belén era empezar a las 6:00h. para quitar horas de calor y asegurarnos que llegábamos pero las horas de calor las vamos a pasar nos pongamos como nos pongamos.

Para hacer esta ruta con los transportines de las bicis aunque sea sin el peso de las alforjas y despacio a un ritmo tranquilo y seguro para Belén había calculado, tres horas hasta Tomelloso, más una hora hasta Peñarroya, más dos hasta el restaurante en Ruidera, en estos tiempos van incluidos los tiempos de descansos para beber agua, y alimentarnos lo necesario y así suma todo 6 horas de ida, luego un par de horas de descanso y comida y otras seis horas de vuelta. 6+2+6 = 14 horas.

Saliendo a las 7:00 a.m. a las 1:00 p.m.. tenemos que estar sentados pidiendo para comer y a las 21:00h cuando empiece a oscurecer o caer el Sol tenemos que estar lavando las bicis en Alcázar y preparando todo para guardarlas en las cajas. Son horarios un poco largos, hacer 60 kilómetros en 6 horas es planificar que vamos a ir muy lentos pero llevaremos sobrepeso, iremos pensando en el regreso, van contados los descansos y tiempos muertos, además que no tenemos prisa, vamos acostumbrándonos a pasar muchas horas encima de la bici. Yo solo debería empezar un poco antes y a la hora de comer estar en casa.

La tarde antes cambié la cámara delantera pinchada de Belén por otra nueva y comprobé después de quitarla que definitivamente si era de líquido sellante pero de una marca secundaria que no funciona bien y no taponó. Pero mi cámara trasera después de hincharla no perdió aire y decidí no cambiarla, por si acaso me llevé una de repuesto más los parches.

Antes de llegar a la Alameda me quedé sin aire de golpe, pensando que estábamos a unos pocos kilómetros de allí le metí algo con el bombín y tiramos deprisa para reparar en la gasolinera y allí evaluar si tirábamos con la ruta hasta el final o nos dábamos la vuelta.

Desmontar la rueda trasera con el transportín para los Países Bajos que ya llevo no es igual de fácil pero una vez desmontado metí aire a la cámara para casi reventarla y cuando estaba más gorda que un puño salió el líquido interno con fuerza a presión al exterior salpicando a Belén y fue entonces cuando se taponó y se arreglo, necesité meter a la rueda casi cinco kilos para que funcionara el líquido sellante, imposible hacer eso con una bomba de mano. Pero luego tenía otro agujerillo pequeño que taponé con un parche y me llevé esta cámara vieja de repuesto por si pinchaba o averiaba la nueva.

Entre unas cosas y otras habíamos perdido ya más de media hora, menos mal que íbamos sin prisas y más pensando en disfrutar del viaje y comer en Ruidera que otra cosa.

Hasta Tomelloso fuimos muy bien, buen ritmo y con la única perdida de cambiar la cámara trasera a mi rueda. Y llegar a Tomelloso fue toda una satisfacción para Belén, su record por esta zona era Alameda. Cruzamos el pueblo y antes de salir y en previsión de que iba a ser el último lugar habitado en muchos kilómetros nos paramos a tomar un café.

Salimos de Tomelloso y hasta el pantano de Peñarroya habrá unos 10 kilómetros, pero ya salíamos de vías de servicio para meternos en caminos, en buenas condiciones pero ya caminos. Llegamos en 35 minutos y allí hicimos el segundo descanso programado.

Nos sentamos en el mismo sitio donde habíamos aparcado el coche hacía unas semanas enseñando el paisajes a familiares y decía Belén que parecía increíble estar allí en bicicleta, pensar que todavía faltaba por continuar, volver a casa y todo por caminos.

La bajada del castillo a la parte de abajo de la presa es algo técnica para Belén, con muchas piedras sueltas y algunas grandes haciendo pequeños escalones pero poco a poco y muy despacito bajó con las dos o tres zetas hasta abajo. Aunque despacio y algo asustada al final reconoció que fue un tramo divertido.

Desde aquí a Ruidera quedaban los 20 kilómetros más duros de la etapa junto a los 20 kilómetros de vuelta por el mismo sitio, con una subida y una bajada largas y varios sube-bajas durante el resto del recorrido.

Belén se empezó a agobiar por el tiempo, pensaba que íbamos muy tarde y yo la decía que íbamos demasiado bien, que a este ritmo íbamos a llegar antes de las 12:00h. a Ruidera y a esa hora no nos iban a dar de comer un menú en ningún sitio, nos iba a tocar comer un bocata rápido, la decía que no se preocupara por la velocidad y las horas que había hecho una previsión de ruta lenta precisamente para que se acostumbrara a pasar muchas horas sentada encima de la bicicleta como nos va a pasar a partir del miércoles. Además con poco y mal descanso, son muchas horas pedaleando para terminar y empezar a montar una tienda de campaña, dormir en un saco sobre el suelo y volver a desmontar para repetir la operación, hoy era una etapa de ensaño/castigo corporal.

Hasta Ruidera hicimos 68 kilómetros y desde el 60 al 68 se los pasó diciendo que estaba cansada y que no tenía que haber venido. A falta de un kilómetro para llegar al restaurante, se veía el Hundimiento,  la propuse darnos la vuelta y casi acepta.

Para no dar muchas vueltas comimos en el primer restaurante, según el cartel de entrada "La perca rosa" y según el cartel del toldo "La perla rosa", Perca o Perla es el peor restaurante para comer un menú de la zona, y eso que al final no se portaron del todo mal. Me imagino que un restaurante que esté más escondido debe esforzarse en precio y calidad para que la gente repita en su restaurante pero este que es el primero al que llegan todos los novatos, cansados, o desconocedores de la zona pueden permitirse el lujo de engañar cada día a un visitante nuevo y estar siempre lleno.

Belén se pidió de primero una berenjena rellena de salmón y gambas, las gambas enanas se podían permitir como congeladas y baratas para un menú en un restaurante sin lujos pero el salmón era "perca" de río con sabor a cieno. Realmente estaba malo como para no comerselo. Yo había pedido arroz blanco pero se confundió el camarero y me trajo ensaladilla rusa y como tenía buena pinta no dije nada para comermelo, intenté cambiarselo a Belén pero estaba realmente mala la berenjena rellena. Con valor llamamos al camarero para pedirle que nos cambiara el primer plato y como no puso buena cara le pedí que cobrara algo más pero que necesitábamos comer para seguir pedaleando y eso no era ni salmón ni comestible.

Sin embargo los segundos platos estaban mejor que lo anunciado, ponía muslo de pollo en salsa y yo lo hubiera anunciado como cuarto de pollo al pisto, ya que por cantidad y sabor era más de lo anunciado, pero luego en el postre se volvieron a lucir, la tarta de queso de Belén no tenía queso, era un bizcocho seco con mermelada seca que al final ni se comió, y mi porción de tiramisú ni queso mascarpone ni nada, otro trozo de bizcocho seco con canela por encima.

Íbamos de una mala a una buena, el café tocaba bien. El mayor acierto fue lo que hicimos para llevar agua fría durante todo el viaje. Se me ocurrió que en vez de comprar agua fría para volver iba a comprar hielo, solo hielo. Me dijeron que solo vendían bolsas grandes por 3 euros pero cuando me la trajeron era un bolsón del Carrefour lleno hasta reventar de unos cubitos gigantes de hielo, le volví a pedir que si me podía vender solo media bolsa y aceptó, en vez de 3 euros fueron 1,50€ y 1,30 de una botella de medio litro de agua también fría.

Llenamos las dos botellas de la bici que son de 750 con 4 o 5 hielos, todos los que cabía y rellenamos los huecos con la cantidad de un vaso de agua, todo lo que cabía, pero luego en la mochila que yo llevaba en la espalda bien apretados conseguí meter hasta 20 cubitos de hielo y rellené con el resto de agua sobrante de la botella.

Antes de salir y para estar un rato más descansando nos bebimos otra botella entre los dos de agua con mucho hielo y nos fuimos cargados con todo el agua que podíamos, eran sobre las 14:30h. de la tarde y las bicis que estaban aparcadas al sol estaban ardiendo, Belén comentaba que iba a pasar como en los coches cuando quema el volante, y efectivamente el termometro marcaba la barbaridad de 53 grados, luego en marcha bajó rápidamente a 41, pero el empiece era jodido.

El principio es la parte más complicada pero el descanso le había sentado francamente bien a Belén, mucho mejor de lo que yo pensaba y la primera parada no la hicimos hasta un poco antes de llegar a Peñarroya de vuelta, unos 15 kilómetros duros a 40 grados después de comer.

Desde Peñarroya nos volvimos por el camino asfaltado paralelo al canal y a Belén le gustó este nuevo recorrido, hubo un momento en el que nos planteamos meternos y darnos un baño pero finalmente se nos quitó la idea al ver que tenía mucha corriente y que salir del canal nos iba a resultar complicado. Llegamos a parar, a pensar como bajábamos, dónde dejábamos las bicis... pero nos arrepentimos y continuamos el viaje hasta llegar a Argamasilla.

En Argamasilla hicimos una parada para tomar un café con hielo y una coca-cola, habíamos gastado todo el agua de las botellas pero la habíamos bebido bien fría y en la espalda tampoco tenía más agua. Pero también la habíamos bebido prácticamente congelada. No sabíamos si comprar más agua y esperar a llegar a la fuente de la Alameda y después de pensarlo poco decidimos continuar hasta la Alameda.

Antes de llegar a la Alameda pasamos por un sembrado de sandías, grandes y con una pinta estupenda. No nos resistimos y paramos para probar una, de unos 5 kilos que nos comimos entera, que paliza de sandía que nos dimos, yo pensaba que ya no iba a poder montar, tenía la tripa hinchada como si me hubiera tragado la sandía entera sin masticar, más de dos litros de agua con azúcar en forma de sandía que nos bebimos cada uno.

Unos kilómetros antes de llegar al cruce del Guadiana con la Autovía de los viñedos antes de llegar a la Alameda Belén empezó a sentir otra vez cansancio, pero aguantó hasta el pueblo pensando en sentarse en el césped que hay junto a la piscina y junto a la fuente de agua fresca.

Aquí me llevé la sorpresa de que al llenar los bidones y la mochila sonó ruido de hielo, tenía todavía la mochila llena de hielo de Ruidera, llevábamos desde las 15:00h. hasta las 19:30 a 40 grados al sol y tenía un montón de hielo en la espalda. Llené la mochila con agua fría de la fuente que se enfrió más aún con los hielos. La media bolsa de hielos que compré en Ruidera fueron los 1,50€ mejor invertidos durante la ruta y creo que durante cualquier ruta de las que hemos hecho.

Estuvimos sentados 10 o 15 minutos en el césped recreándonos en el reto conseguido para Belén, llevamos unos 120 kilómetros, acababa de pasar su record que estaba en unos 110 kilómetros en la Vía Verde del Aceite y otras rutas de 100 kilómetros pero es que esta iba a pasar de los 130.

Llegando a Alcázar se veían a lo lejos los molinos y esto ya es un aliciente, desde hacía muchas horas habíamos dejado de ver paisajes conocidos por cercanos, ni molinos, ni los repetidores, todo eran elevaciones nuevas y Belén me dijo una coña que siempre decimos cuando pasamos por aquí. ¿Subimos los molinos?

Yo estaba seguro de que lo decía de broma, yo siempre la gasto esta broma cuando vamos sin tiempo o muy cansados para ver que dice y en esta ocasión me pareció demasiado exagerado para gastar la broma, pero fue ella quien lo propuso.

No se si tantas horas dando pedales o el calor y el sol en la cabeza la había afectado pero efectivamente quería subir los molinos después de 130 kilómetros, la ruta se quedó en 139 kilómetros a casa superando por mucho su anterior record, subimos los dos a los molinos de Alcázar y vimos a una pareja haciendo volar de brazo a brazo a un ave rapaz, quizá un halcón o un cernícalo, no entiendo de esto.

También durante la subida un coche estuvo haciendo derrapes en la arena de los aparcamientos y no tuvo la suerte de estampar el morro del coche contra ninguna piedra fuerte o caer por ningún barranco. Y casi llegando a los molinos vimos a un par de ciclistas con bicicletas de montaña por dentro de la autovía de los viñedos dirección Tomelloso que sin casco ni nada iban en paralelo por la carretera mientras algún coche los pitaba, el casco en caso de accidente contra un coche a 120 o más por hora no es que sirva de mucho pero daba miedo verlos por allí sin cuidado de nada.

Antes de llegar a casa paramos para lavar las bicicletas. Tenemos que embalarlas, desarmar sillín, pedales, ruedas, presiones de horquilla, manillar, montar luces, timbre, bolsillo del manillar y todo para el martes poder coger el avión con las bicicletas metidas en cajas y viajar a Rotterdam.

Insisto y volveré a decir varias veces que me da mucho miedo lo que vamos a hacer de llevar unas bicis "buenas" en unas cajas dentro de un avión y sin saber como las traeremos y si las podremos traer. Ya veo que me toca pedir una semana de vacaciones a cuenta de las del año que viene, si sigo con trabajo, y volverme desde los Países Bajos a Alcázar de San Juan dando pedales por no saber como traer la bici a casa.

2 comentarios:

Rutasporalcázar dijo...

Dale mi enhorabuena a tu mujer por la hazaña, y sobre todo, por subir los Molinos despues de 130kms..a propuesta suya. El día anterior, cuando llegabamos de Ruidera se me pasó por la cabeza, pero me dije, -Ni de coña! . Lo vais a pasar estupendamente en el viaje, solo teneis que cuidar de las bicis. Saludos, nos vemos a la vuelta!

Francisco Belinchón Zaballos dijo...

Gracias, a mi me sorprendió, pero entre bromas siempre sale algo bueno, la he visto hacer cosas increíbles e insospechadas, en las dos semanas últimas se ha hecho más y mejores kilómetros en en muchos meses seguidos. Creo que está preparada para las rutas de Holanda, física y mentalmente, preparada para disfrutar y también para sufrir. Lo de ayer su su Soplao o su Titán.

Contaremos todo el viaje incluso con más detalles que estos.