jueves, 5 de abril de 2012

Ruta Semana Santa. Etapa 1: Alcázar de San Juan - Bonete.

Habíamos quedado pronto, muy pronto, para intentar uno de los grandes objetivos de la temporada junto al ya conseguido de las capitales de Castilla la Mancha y a los futuros que llegarán poco a poco, queríamos llegar desde Alcázar de San Juan a la playa, exactamente a Gandía, y luego por añadir algo más y tener más días y tiempo que emplear a nuestro entrenamiento pensamos bajar a Torrevieja. Tres etapas para tres días consecutivos, tres etapas de diferentes distancias y ascensos que suponíamos nos iban a fortalecer lo suficiente como para sacar conclusiones de por donde nos andamos.

La tarde anterior las chicas y los niños salieron en coche para esperarnos en Gandía y yo llevé mi bicicleta y trastos a casa de David que sería nuestro punto de inicio de ruta. Cené mucho arroz y dejé pasta cocida para el desayuno, en cada paseo de los nuestros de unos 100 kilómetros y después de beber mucha agua y parar a comer algo peso entre dos y tres kilos menos que tardo entre dos y tres días en recuperar, pensando en esto decidí que en estos días tenía que comer todo lo que pudiera para no desgastarme en exceso y aguantar bien hasta el final. A las 5:00h. de la mañana salí de casa para ir a por la bici y colocar el carro que nos habíamos comprado la semana anterior. El carro nos llegó el lunes pero como le tuvimos que hacer unas modificaciones para separar el guardabarros de la rueda y no atascar no tuvimos tiempo de probarlo, el estreno sería en la propia ruta.

Al ir a echar el saco naranja con todas las cosas sobre el carro pensamos en ponerle un plástico, había llovido mucho los días previos e íbamos a pasar por muchos charcos, pero lo que vimos es que no nos cabía la bolsa en el carro. Llevábamos demasiadas cosas, por peso y por volumen teníamos que prescindir de cosas.

Empezamos a analizar qué llevábamos de más, ¿un paraguas? ¿un chandal para después de la etapa? ¿pijama? ¿zapatillas deportivas? ¿tres mudas para dos días por si nos manchábamos o nos llovía? ¿dos chubasqueros cada uno? teníamos que quitar urgentemente si queríamos irnos, pero sin tocar herramientas, cámaras de repuesto, parches, cargadores de móviles, GPS, luces, llave inglesa, alicates, bridas, y comida, un kilo de plátanos, una botella de agua, unos bocadillos, unos frutos secos, geles, polvos isotónicos,... demasiadas cosas, pero que al final utilizamos casi todas.

Entre sacar cosas, volver a colocar, negociar que dejaba cada uno y arrancar salíamos a las 6:00h. de la madrugada, con algo de frío y amenazando lluvia, lo justo para volverse a la cama.

El primero en engancharse el carro determinamos que fuera yo, pensé esto porque al principio estaría más fresco y cuando el cansancio apareciera David podría relevarme en la parte final que creí que era más floja, aunque luego no fue así.

La primera sensación al arrancar es que alguien tiraba para atrás de mi, la bici pesaba más 6 kilos del carro y más unos 25/30 kilos de cosas. No se calcular a cuanto equivaldría el esfuerzo extra pero llaneando tenías que apretar, subiendo yo tenía la sensación de por lo menos un 5% más de desnivel, incluso bajando te podía parar en caminos muy rotos si no dabas pedales. Además para girar necesitábamos más espacio y el carro te desnivelaba si girábamos bruscamente.

Con nuestros focos y las farolas de las calles atravesamos Alcázar, y nos dirigimos a Arenales de San Gregorio ya totalmente a oscuras por el camino de siempre. Al poco de cruzar la nueva variante a Criptana desde la Autovía de los Viñedos nos dimos cuenta que habíamos perdido el banderín de España que habíamos colocado en el carro, hacía mucho aire y con los botes del carro en los baches y piedras del camino se había caído. Quizá no fuera necesario pero nos hacía ilusión, lo primero que hicimos al recibir el carro fue comprar el banderín y queríamos ir con nuestros carteles en el carro, mientras yo avanzaba por los caminos con la única compañía del foco, en una noche cerrada, con el cielo más negro que el carbón, David se dio la vuelta para buscar el banderín, calleron dos gotas de agua apenas perceptibles y al mirar el GPS me di cuenta que no había iniciado la grabación del track, los 11 primeros kilómetros sin grabar, empezábamos tarde, perdiendo el banderín, sin grabar el track David por detrás con su GPS sin pilas, yo por delante sin ver donde estaba... si en rutas de 100 kilómetros nos pasa de todo en 450 kilómetros las anécdotas y risas estaban aseguradas.

Con el banderín que encontró David en el camino dos kilómetros atrás ya bien asegurado con la cinta americana que llevábamos y empezando a amanecer cruzamos Arenales, y sin parar llegamos a Socuéllamos para tomar un primer café.

Allí nos preguntaron si lo que hacíamos iba a salir en la TV, o si era alguna promesa de Semana Santa y después de reponer fuerzas con unos sandwich de nocilla que llevábamos nos fuimos hacia la primera dificultad, cruzar el río en el que David se cayó cuando estaba helado e íbamos hasta Albacete por primera vez.

Acordamos que el próximo que nos preguntara el motivo por el que hacíamos esto le íbamos a explicar que uno de los dos le dijo al otro... "a que no hay narices a ir a la playa en bici...."  y ahí estábamos.

Antes de cruzar el río superamos la máxima velocidad que yo pensaba que se podía coger tirando de este carro.

A lo lejos del camino por el que íbamos vi a tres perros, uno más pequeño, uno mediano y uno tipo pastor alemán que desde unos 150 metros cruzaban una viña emparrada ladrando en nuestra dirección. Si los perros hubieran estado dentro de una finca no me hubiera asustado tanto, pero ver a tres perros esquivando los alambres de la viña, jugándose su físico por llegar a nuestra altura me hizo pensar que las intenciones no eran buenas, saqué todas las reservas de azúcar de la nocilla y apreté todo lo que podía mientras miraba para atrás y los veía cada vez más cerca, ir con un carro a más de 30km/hora por un camino durante unos minutos era agotador. Cuando los tenía a menos de 50 metros grité a David que quería parar, ponerme detrás de la bici y coger piedras y luchar, no podía huir más, debajo del sillín llevaba una navajilla pero no me iba a dar tiempo a sacarla de la bolsa, mejor piedras, patadas y suerte.

En el frente tenía el arroyo y no podía cruzarlo a la misma velocidad entre las piedras sin caerme, romper el carro o que los perros me alcanzaran en mitad del agua, así que cuando ya no podía hacer otra cosa nada más que luchar me grito David frenara poco a poco, que cuanto más despacio íbamos nosotros más se frenaban ellos, que los perros nos estaban respetando la distancia de 30 o 40 metros y no se acercaban más. Poco a poco fuimos parando y justo al detenernos los perros se dieron la vuelta. Pasé un buen susto pero ahora tocaba la primera dificultad, ver como pasábamos por el agua.

No era profundo, la base del carro apenas tocó el agua y además lo llevábamos bien protegido con el plástico, cruzamos a la primera y seguimos dirección a Villarrobledo.

En Villarrobledo teníamos que hacer otra parada obligatoriamente.

Desde aquí a Albacete teníamos un trayecto nuevo que no habíamos hecho antes, eran 75 kilómetros sin pasar por ningún sitio.

Descansamos, nos comimos unos frutos secos, unos plátanos y estuvimos comentando lo bien que íbamos.

Por ahora el tiempo nos estaba respetando, hacía algo de frío, viento de lado, pero por lo menos no era de frente como pensábamos y todavía no nos había llovido.

David me preguntó por cambiar el carro de bici pero en esos primeros 75 kilómetros iba muy cómodo, no me notaba mal y prefería mantener más tiempo el esfuerzo y en la parte final de la etapa cuando empezara a flojear pasárselo a David y mantener el mismo ritmo bueno que llevábamos.

La otra vez que fuimos a Albacete e hicimos una parada intermedia en Barrax ya se nos hizo pesado este trayecto pero ahora sin esta parada fue mucho más.

A la salida de Villarrobledo el camino pica ligeramente para arriba y el camino se llena de piedras, se dejan las pistas anchas y son caminos algo más bonitos y también más duros que los cómodos anteriores.

El carro empezó a botar más, cada piedra que subíamos el carro saltaba, tanto cuesta arriba como cuesta abajo y aunque por nuestro bien procurábamos evitar los charcos y pedruscos el carro no está pensado para llevarlo por caminos rotos. Creo que para caminos complicados es mejor el transportín y las alforjas.

En una curva en la que íba paralelo a David escuché un ruido como de timbre de bicicleta, me sorprendió que hubiera puesto un timbre en su manillar y le pregunté sin parar por el ruido escuchado pero antes de que respondiera sentí un ruido mucho más grande y un empujón hacia delante seguido de un frenazo.

El carro se había dividido en dos, la rueda del carro y la bolsa por un lado en el camino y el eje que lo une a la bici en forma de "V" por otro pegado al eje de la rueda de la bici.

El ruido del timbre que había escuchado unos segundos antes era el cierre que con una varilla roscada juntaba las dos piezas. Una pieza de hierro doblada por los botes, tirones y castigo que estaba sufriendo el carro.

Llevaríamos unos 100 kilómetros y estábamos en mitad del campo sin apoyo logístico. David cogió el eje doblado y lo enderezó haciendo fuerza contra un árbol y además conseguimos encontrar la pieza caída y volver a enroscarla, pudimos montar el carro otra vez y continuar.

Fuimos mirando por el suelo y cuando encontramos unos alambres David los cogió para llevarlos en el carro por si más adelante nos hacía falta para arreglar alguna futura avería en el carro.

Yo pensaba que si en 100 kilómetros ya habíamos tenido un serio problema todo apuntaba a que el carro no llegaba al final de la aventura pero eso podría además implicar que nosotros tampoco, llevábamos cosas en el carro prescindibles pero otras no, no podíamos dejar abandonadas por el camino muchas de las cosas.

David también observó y me enseñó que la rueda de carro estaba muy dañada, llevábamos media etapa de uno de los tres días y el dibujo de la rueda estaba desapareciendo. El neumático es uno de esos duros antiguos, y sin embargo el castigo que estaba sufriendo le estaba borrando el dibujo, mirar la rueda era igual que cuando enfocan los neumáticos de un coche de fórmula 1 después de una prueba.

Empecé a notar que baja el ritmo y aunque me hubiera gustado llegar a Albacete tirando del carro a falta de unos 25 kilómetros paramos para descansar, comer y aprovechar y cambiar el carro de bici

Nos  alimentamos con los bocatas que llevábamos y lo bien que íbamos en Villarrobledo había cambiado, otra vez en el mismo tramo estábamos perdiendo tiempo. Las fuerzas no eran las mismas y el carro me había castigado mucho.



Además este tramo de casi 80 kilómetros lo habíamos cogido de internet y pensábamos que estaba probado pero era dibujado porque nos pasó por dos caminos que no existían y tuvimos que improvisar un poco, y también por un sembrado que al estar todo el suelo mojado de la lluvia hizo que embarráramos.

David consiguió cruzar montado los 100 o 200 metros de sembrado pero mi rueda delantera se hizo un bloque y no podía continuar ni empujando. No tenía fuerzas ni para empujar de la bici.

Estábamos entrando en Albacete a la misma hora que la vez anterior, saliendo una hora antes aunque tirando de un carro con 30 kilos de cosas, por un lado no estaba mal, pero por otro mucho peor de como empezamos y de lo que sospechamos.

Al entrar en Albacete empezó a chispear, y al cruzar las primeras calles a llover mucho más fuerte, nos metimos debajo del voladizo de una terraza y cuando parecía que escampó un poco seguimos para cruzar y buscar un sitio en el que merendar o comer lo que fuera.

Cuando estábamos próximos a salir de Albacete sin encontrar nada que nos gustara abierto volvió a apretar la lluvia y mientras dudábamos si arrancar el último tramo lloviendo fuerte sobre nosotros o esperar y cubrirnos en algún sitio buscamos otra terraza que encontramos.

Esta terraza estaba en el escaparate de una pastelería. Justo lo que queríamos además de quitarnos de la lluvia yo quería comer y David beber.

Pasamos y pregunté por bollos dulces o salados, pedí tanta cantidad que se pensaba la dependienta que estaba pidiendo para David y para mi, pero le dije a David que pidiera él que eso era solo para mi. Me comí 4 bollos, dos litros de agua y si nos quedamos un rato más vacío el mostrador de los ricos bollos que tenían.

Desde aquí aprovechamos para llamar por teléfono a un amigo de bicicleta y como estábamos muy cerca nos acercamos a saludar.

Aunque no es cuestión de perder el tiempo tampoco es una cosa que nos preocupe en exceso así que no nos importó gastar unos minutos en saludar y enseñar nuestras cámaras a Alex de 50km para que se hiciera una idea de lo que ya habían pedido y de los accesorios que nosotros llevamos por si les interesa alguno de ellos.

Nos gustó saludarle y nos presentó a amigos muy fuertes con la bicicleta pero después de enseñarle la Gopro no nos dimos cuenta de usarla, menos mal que él si hizo fotos e incluso hizo una entrada en su blog hablando de nuestra gesta.

Yo llevaba un fuerte dolor en la pierna derecha, en la parte delantera de la pierna a la altura de la rodilla notaba un dolor tan grande que no me podía poner de pie, incluso iba mejor dando pedales despacio que andando, andar me costaba arrastrar la pierna.

David también llevaba lo suyo pero además de ir más fuerte todavía había llevado poco el carro y el castigo no había sido tan grande.

Alex, conocedor de la zona, nos dijo que hasta pasado Villar de Chinchilla picaba para arriba y luego hasta Bonete picaba hacía abajo así que nos preparamos y comenzamos el tramo que pensábamos que era "corto".

Realmente el tramo no era nada corto, eran otros 60 o 70 kilómetros y prácticamente todo cuesta arriba, además mucho más empinado, íbamos a alcanzar la cota más alta de la ruta partiendo de la más baja.

Yo iba realmente mal, no era capaz de llegar a 15km/hora, hicimos los últimos 50 kilómetros a una media de 12km/h. y esto supone mucho tiempo, desde que vimos un cartel de Bonete a 30 km. hasta que llegamos a Bonete pasaron casi otras tres horas, pensábamos llegar de día, en un principio a merendar en Bonete y descansar y casi no llegamos ni a cenar.

Hubo un momento en el que dejamos de grabar, de hacer fotos y hacer de todo, el único objetivo era llegar para dejar de dar pedales.

Este camino lo hicimos casi entero por una vía de servicio que va paralela a la carretera de Valencia aunque tampoco pudimos disfrutarlo mucho.

Yo pensaba que David iba perfectamente, de vez en cuando me tenía que esperar pero luego también me dijo que iba tocado, no tanto como yo pero si muy cansado y con ganas de parar, si en Villar de Chinchilla o en algún sitio nos hubieran ofrecido una cama o cualquier sitio donde dormir hubiéramos parado allí mismo.

Cuando llegamos a Bonete llamé por teléfono al número que tenía de la pensión en la que había reservado una habitación y nos acompañaron hasta la habitación, ya había avisado de que íbamos con bicicleta y no sabíamos a que hora llegaríamos y que nos tenían que dejar guardar las bicis en algún sitio seguro.

Las dejamos en la primera planta de la pensión y nos subimos solo los aparatos y bolsa del carro.

Le preguntamos por algún sitio para cenar y nos dijo que en su bar ya había cerrado la cocina pero junto al suyo había otro en el que podíamos cenar.

Nos dimos una ducha rápida y nos pusimos la ropa limpia del día siguiente, solo teníamos ropa de ciclista, y al llegar nos dijeron que solo tenían bocadillos frío, la cocina la habían cerrado y no nos podían dar nada caliente que no fuera hecho con el microhondas.

Yo lo que hubiera preferido es quedarme en la habitación, estaba en una segunda planta y bajar las escaleras me parecía una barbaridad para mi rodilla. Bajé a cenar por la insistencia de David, iba arrastrando la pierna, cojeando y dudaba que al día siguiente fuera capaz de dar una sola pedalada.

La ruta había durado desde las 6:15h. hasta las 22:40h., 16 horas y medía para 205 kilómetros, con 4 horas parados, comiendo, bebiendo, saludando a amigos, conociendo sitios nuevos, haciendo fotos, estirando las piernas.

Habíamos hecho la ruta más larga hasta ahora por ninguno de los dos, y al mismo tiempo tirando de un pesado carro más preparado para carretera que a caminos. Solventado averías, sustos con los perros y con mucha suerte con la lluvia que solo nos pilló en Albacete y con el viento que llevábamos de costado o a favor pero nunca en contra.

El miedo después de la cena estaba en hasta que punto iba a recuperar mi sobretoda dolorida pierna y rodilla que no podía doblar e iba arrastrando hasta la cama.

5 comentarios:

El Silent dijo...

mi enhorabuena otra vez, Nosotros el sábado intentamos salir un poco, pero el aire, en nuestro caso en contra, y la lluvia, que si nos pilló, mas un pinchazo, nos hizo dar media vuelta, y por cierto, un miembro de nuestro grupo irá mañana o pasado para Alcazar, hará una ruta por allí, pasando creo que por el mismo Alcazar, por campo de criptana y Pedo muñoz. Un Saludo!

El Silent dijo...

por cierto, en una foto se ve mi casa jaja

alex dijo...

Lo vuestro es pedalear con clase pues la parada en Albacete fue de auténticos señores y el detalle de "perder" el tiempo en tan gran día con explicaciones de la cámara, de gracias infinitas.
El editor utilizado para cortar, vibraciones y música es el de Yotube en gestor de vídeos a la espera de otro casero, pues luego los resultados no se pueden guardar en el disco duro.
Gracias por los consejos en las compras pues "ir de la mano" en estos terrenos no tiene precio.

alex dijo...

Gracias por la visita y las explicaciones. El editor es el de la aplicación Yotube en gestor de vídeos que corrige movimientos, corta y aplica música antes de la subida. Lo malo es no poder guardar copia en el disco duro.

Francisco Belinchón Zaballos dijo...

El Silent, entre semana no salgo con la bici por no tener tiempo, sino podría acompañar a hacer alguna ruta chula, en Criptana hay unas trialeras muy bonitas. Y la mayoría de las fotos de la entrada son capturas de vídeo por lo que tendremos seguro un plano detallado de toda tu calle si pasamos por ella.

Alex, creo que es mejor editarlo en el ordenador, así siempre tienes una copia de calidad en tu poder, que cuando se sube un vídeo a youtube la calidad se reduce, además para compartir el vídeo con los compañeros es mejor, nosotros los editamos de forma muy sencilla con windows media marker, gratuíto y sencillo, y nos pasamos los originales que podemos ver en la TV sin pérdida de calidad, aunque lo realmente interesante sería aprender con algún otro porgrama más "profesional" tipo Sony Vegas, Adobe Premier, o el que conozcas.

En un par de días escribiré la crónica del segundo día para ver si conseguimos llegar a Gandía todos sanos y salvos.