sábado, 10 de marzo de 2012

Ruta provincial 5 de 5. Alcázar de San Juan - Guadalajara

Hoy teníamos planeado hacer la quinta y última ruta de nuestro proyecto, la ruta que partiendo de Alcázar de San Juan nos tenía que llevar por caminos a Guadalajara.

La ruta requería de más logística, más medios y más tiempo. Decidimos que en vez de realizarla en domingo como las cuatro anteriores esta la teníamos que hacer en sábado, eran muchos kilómetros y la vuelta iba a ser muy tarde, el plan era quedarnos a dormir en Madrid, que es la ventaja de tener casa allí.

Lo lógico hubiera sido esperar a un sábado en el que tuviéramos viento a favor, o al menos no tuviéramos viento de ningún tipo, pero después de lo bien que se nos había dado la que creíamos que era la ruta más dura de las cinco, la de Cuenca, estábamos tan motivados que pensábamos que iba a ser un paseo largo, pero un paseo.

Ver en la página del tiempo que llevaríamos un lastre o freno en forma de viento de entre 14 y 22 km/hora no nos quitó ni las ganas ni la ilusión en llegar pronto, de día, casi descansados y... silbando.

Habíamos quedado a las 7:00 pero después dejar todo preparado la noche anterior no encontraba los guantes y cosas en su sitio y salimos media hora tarde, habíamos quedado en que llevaría yo mi foco para empezar los dos pero ya había luz, era de día y por no perder más tiempo no volví a subirlo a casa, cargaría con él aunque pensábamos que no lo íbamos a utilizar por terminar de día.

Pasamos por el observatorio de La Hita y luego paramos a tomar en café en La Villa de Don Fadrique. Aquí llevábamos media hora de retraso, la media hora que habíamos salido tarde pero tocaba otros 15 minutos de café. Apenas pasábamos de los 20km/hora y por la mañana temprano ya empezábamos a regular, por lo menos todavía estábamos fuertes.

Cruzamos Corral de Almoguer pero no paramos, el siguiente pueblo estaba cerca, Cabezamesada.

Cuando llegamos a Cabezamesada nos dimos cuenta que nos quedábamos a un kilómetros, pasábamos por la travesía pero sin pasar al pueblo, pero el siguiente era Belinchón a otros 40 o más kilómetros y si no parábamos aquí nos iba a tocar parar en mitad del campo para comer. Nos desviamos un poco y sentados nos dimos el festín de frutos secos, por fin me quité los plátanos que llevaba en la mochila y empezaba a quitarme peso de la espalda.

Los caminos por los que pasábamos seguían siendo buenos, como todos los de las 5 rutas, sin incidencias o si las ha habido se han podido solucionar fácilmente, como algún camino arado que nos ha obligado a dar algún pequeño rodeo o pasar por debajo de las autovía por las tuberías que se ha convertido en un clásico en nuestras salidas, ya sin bajarnos agachamos la cabeza y tiramos, excepto cuando hay salicones dentro que nos arrojamos entre nosotros.

Otra cosa especial que tenía la jornada de hoy era que estrenábamos la ropa de Bikefriend.

Era otra de las cosas pendientes que teníamos, circular los dos con una misma equipación. La ropa está bien, es llamativa como tiene que ser para que los cazadores no nos disparen por los caminos y la de invierno que es la que hemos probado es muy caliente, yo no necesité más ropa encima, llevaba una chaqueta fina en la mochila que no llegué a utilizar.

Le veo la pega de que nuestro nombre está en la espalda y como siempre vamos con mochila no se ve, creo que debería estar también en el culote. En la ropa de invierno si pone en grande Alcázar, pero no de San Juan, pero en la ropa de verano pone Alcazar (en pequeño) y abajo Owayo, que parece que es un pueblo de Oklahoma o Tennessee y no un pueblo de la Mancha manchega. Respecto a la badana no digo nada, que después de 182 kilómetros creo que el dolor de culo hay que tenerlo aunque vayas sentado en un sofá de salón.

Aun esas cosas de la ropa, compensa el tener una equipación común entre nosotros y con todos los demás cuando tengamos tiempo para salir en grupo numeroso como dentro de poco a Aranjuez.

Con la ropa este primer día ya pudimos ver alguna cosa curiosa, como al entrar a un bar a descansar con un café te miran como a un equipo, pero es que además cuando estamos en un pueblo a más de 100 kilómetros de Alcázar y nos preguntan que de donde venimos el señalar el nombre en la manga de la chaqueta donde pone Alcázar lo hace más creíble que si simplemente lo dices y no lo puedes demostrar de ninguna manera de donde vienes.

Personalmente la ruta tenía más alicientes. Otro de ellos es que pasábamos por Belinchón, un pueblo pequeño de la provincia de Cuenca, pegado a la Ctra. Valencia y que linda con Madrid.

Mi ilusión era la de parar junto al cartel de entrada del pueblo y hacerme una fotografía en la que se viera mi apellido, que es el nombre que he puesto en mi chaqueta, "Belinchón" junto al nombre del pueblo "Belinchón", pero a la entrada no vimos ningún cartel. No me importó pensando en que veríamos el cartel a la salida del pueblo. Pasamos, buscamos un bar, David se tiró dos veces por las mismas escaleras y nos tomamos una coca-cola.

Hasta aquí llevábamos casi una hora por detrás de lo pensado, la media hora que habíamos salido tarde más media hora que nos estaba castigando el aire.

Salimos de Belinchón buscando el cartel de entrada o salida al pueblo pero lo hacíamos por un camino y tampoco había cartel, me dijo David que si quería dábamos vueltas o preguntábamos hasta encontrar un cartel pero tampoco era cuestión de perder tiempo, me resigne a irme de "mi pueblo" sin la foto, si es necesario ya volveré en otra ocasión, después de pasar infinidad de veces cuando iba a la playa desde Madrid hoy tenía la oportunidad de conocer el pueblo y me fui sin la foto.

El único anuncio fue el cartelón de cruce de la carretera.

Cuando pasamos a tomarnos el refresco me quité la mochila de la espalda y los clientes del bar al mirarme la espalda y ver el nombre de Belinchón en el maillot pensarían que estaba anunciando su pueblo o pertenecía a un recién y novedoso club ciclista de su pueblo.

Si tardo los mismos años en volver que los que he tardo en ir por primera vez es posible que desaparezca el pueblo antes de que me haga la foto en el cartel del pueblo.

Cuando salimos de Belinchón (Cuenca) subimos una pequeña cuesta, casualmenete se llamaba la Cuesta del Moral, como una de las subidas del Soplao, y desde lo alto había una interminable recta hasta el río Tajo, abajo se veía una cárcel y una urbanización de casas perteneciente a Estremera, pueblo de Madrid.

El primer tramo me pillo de sorpresa y una vez pude hacerme con la bici y pasar el susto inicial encendí la cámara para grabar la bajada, había calculado que eran unos 12 kilómetros cuesta abajo sin dar pedales pero los 3 primeros fueron vertiginosos, marcando el GPS una velocidad máxima de 68 km/hora en un camino con un surco en el medio que miraba rezando para que no girara hacía mi lado y me sacara del camino, el tortazo hubiera sido importante.

Sin embargo una vez la pendiente se hizo algo más suave tuvimos que dar pedales, íbamos cuesta abajo descendiendo más de 200 metros en otros 8 kilómetros y si no dábamos pedales nos paraba el viento que teníamos enfrente.

Aquí todavía era pronto para comer, además si parábamos todavía nos iba a quedar casi la mitad de la ruta y lo suyo es dejar pocos kilómetros para después de la comida. Pero es que además queríamos comer en Mondejar (Guadalajara) para coincidir con otra de las casualidades de esta ruta.

Mondejar es el pueblo de nacimiento de mi padre y cuando le dije que íbamos a pasar por su pueblo y posiblemente a la hora de la comida llamó a familiares para que nos atendieran, el detalle fue bueno pero después de 20 años sin ver a primos y tías de mi padre nos daba más vergüenza que otra cosa.

Al llegar no nos estaba esperando la banda de música como decía mi padre en broma, tampoco nos esperó en Guadalajara, pero si nos esperaba una tortilla de patatas, unas chuletas de cordero recién hechas, unos chorizos fritos, helados, y todo lo que quisimos, tuvimos que insistir para no comer más, queríamos terminar y no quedar rendidos allí con la tripa llena.

Apenas se podían creer que estuviéramos allí habiendo llegado en bicicleta, para gente que no está acostumbrada a estas cosas decían que si había tantos caminos como para llegar de Alcázar a Mondejar, y que otras personas van en coche de Madrid a Mondejar y a mitad de camino tienen que parar a descansar, que no entendían como se podía ir en bicicleta.

Les explicamos el funcionamiento del GPS con los mapas de caminos, nuestro reto personal de unir Alcázar de San Juan con todas las capitales de provincia de Castilla la Mancha, y algún reto más que hemos hecho y tenemos en pendiente para próximas fechas.

La parte de la familia que todavía no sabía de la reciente afición por la bicicleta se enterará a partir de este día.

Cuando salimos de Mondejar llevábamos una hora exacta parados, una parada demasiado larga para todo lo que nos quedaba aún.

Por lo menos los kilómetros iban avanzando, llevábamos ya 130 kilómetros de los 180 que tenía la ruta y aunque ya eran las 16:30h. todavía teníamos posibilidades de llegar de día.

Volvimos a descender desde la altura máxima hasta entonces hasta la altura mínima de la ruta y al llegar al río Tajuña empezó lo peor de toda la ruta.

Nos tocó ascender 450 metros en 30 kilómetros pero 200 de estos metros estaban concentrados en solo 2 kilómetros dando rampones del 20% de desnivel en un suelo lleno de piedras sueltas y que después de 160 kilómetros que llevábamos se convirtió en el tramo más duro de las cinco rutas.

Tardamos un montón en coronar la subida y cuando llegamos arriba empezaba a anochecer. Nos dolía el culo que ya no sabíamos si era por culpa de los kilómetros, de la subida o de la badana del traje nuevo.

A lo lejos se veían luces de un pueblo grande, era Guadalajara, nuestro objetivo estaba a la vista, la familia llevaba un rato llamándonos por teléfono pero no podíamos parar en mitad de una cuesta del 20% para atender llamadas, cuando pudimos les dijimos que nos quedaban 10 kilómetros 1/2 hora, que luego entre problemas, fotos y demás historias fue otra hora completa para los últimos diez kilómetros.

Fue justo oscurecer del todo cuando le dije a David que teníamos que parar para colocar yo el foco potente que no utilizamos en la salida y gracias a que no quisimos perder tiempo en dejarlo en casa lo llevaba en la mochila, David llevaba ya encendido un pequeño foco de casco, coloqué el mi foco, encendí, dimos dos pedaladas y vino un descenso por un barranco que yo de día y con luz no me hubiera atrevido a bajar.

Por no ver por donde nos metíamos hice el descenso de mi vida, ni loco se me hubiera ocurrido bajar por ahí en condiciones normales, tocando el freno delantero lo justo para no volcar e intentando no derrapar mucho atrás bajamos por un precipicio vertical lleno de piedras y surcos en el camino, era una especie de cantera, en cada tramo que podíamos detener las bicis sin caernos le preguntaba a David que era el que llevaba la ruta en el GPS si íbamos bien, que debía de existir algún camino alternativo, pero me decía que íbamos en ruta, al final un tramo de 100 metros lo tuvimos que hacer bajados de la bici dejándonos caer por dos cuestas en las que apenas podíamos parar las bicis.

Pero todavía quedaba la penúltima parada importante de la ruta. Y es que pasábamos por la puerta del colegio en donde estuve estudiando BUP, los tres años de bachillerato los hice en Guadalajara y parar en la puerta del Colegio Diocesano para hacerme una foto era casi una obligación, y más teniendo en cuenta que no pude conseguir la foto con el cartel de Belinchón.

En este momento David se quedó sin batería en el cámara de vídeo y después de arrancar al minuto me quedé yo, nos estaba costando tiempo con tantas paradas llegar a la plaza del ayuntamiento que es donde nos estaba esperando la familia.

Para llegar a la plaza tuvimos que ir por una calle peatonal en la que la gente estaba paseando, era sábado por la tarde, 20:30h. y hacía una temperatura ideal, todo lleno de gente andando.

Cuando nos acercamos vimos a lo lejos a los niños gritando "¡papá!".

La gente se giraba y veía a dos ciclistas  parecidos a astronautas venidos del espacio, subidos en bicicletas altas, uniformados en verde fosforito, con cascos y cámaras de vídeo en el casco, levantando los dos brazos en el caso de David y uno en el mio para no caerme, gritando "¡ lo hemos conseguido! " y mientras mis padres y las chicas nos hacían fotos como si fuéramos famosos.

La ruta fueron 182 kilómetros el récord de los dos, más de 1.100 metros ascendidos concentrados en dos tramos concretos y uno de ellos al final, rampas de más del 20% también al final de la ruta, la ruta se hizo con un importante viento en contra y de las 13 horas que estuvimos con la bici 3 horas las dedicamos a descansar, comer, cambiar pilas o beber agua, creo que la media de 18 km/hora durante 10 horas más tres descansando es un dato más que digno para una ruta tan larga y alguien con nuestro entrenamiento de domingo a domingo.

En la plaza había un grupo de chavales haciendo burbujas gigantes con agua y jabón pero perdieron el protagonismo y tuvieron que dejar de hacer cosas. La gente nos miraba como si fuéramos manifestantes o reivindicáramos cualquier cosa.

Para más espectáculo sacamos un cartel grande con un plano de Castilla la Mancha con el dibujo de las cinco rutas del reto propuesto y conseguido.

Los que podían se acercaban a intentar leer que ponía en el cartel y solo le faltó a alguno pedirnos un autógrafo, que aunque no supiera quienes somos hubiéramos firmado gustosamente.

Llegamos cansados, reventados, con el culo dolorido, seco de agua, con una pajara, pero era tan grande la alegría de lo conseguido que quisimos salir por la noche a celebrarlo.

Todavía nos dio tiempo para llegar a casa, ducharnos, cambiarnos y salir a disfrutar de la noche madrileña.

Nos merecíamos una cena, una copa y lo que hiciera falta, además Carolina y Belén también se merecían su premio por su apoyo en las rutas de Cuenca y Guadalajara, por su participación en la de Ciudad Real y su comprensión en la de Toledo y Albacete.

5 comentarios:

El Silent dijo...

Otra vez solo me queda daros la enhorabuena por haber conseguido este reto, nosotros tenemos el nuestro ya pensando, unir Albacete con Benidorm con la bici de montaña, pero sera para verano pues son mas de 200 km, Enhorabuena otra vez y un abrazo!

Francisco Belinchón Zaballos dijo...

Nos interesa y mucho esa ruta, en Semana Santa intentaremos hacer algo parecido desde Alcázar de San Juan.

Hablaremos de ello.

Mondoshawan dijo...

Pedazo de rutón éste. Y los demás igual. Enhorabuena, campeones.

Francisco Belinchón Zaballos dijo...

Gracias, tengo una entrada resumen preparada y escribo en ella que creo recordar que este proyecto nació delante tuya estando comiendo juntos en Aranjuez.

Y dentro de dos semanas nos veremos por allí.

alex dijo...

Felicidades por la gesta, pues se lo merece.