domingo, 19 de agosto de 2012

I Titán de la Mancha año 2009.

Dentro de los 5 retos deportivos marcados sobre la bicicleta antes de echar el freno está la participación en una Titán de la Mancha y el año elegido por preparación es este año 2012.

Muchos de los organizadores de la prueba son lectores de este diario personal, conocido por blog, así que intentaré explicar para los que no conocen la Titán de la Mancha que es esto sin cometer muchos errores.

La Titán de la Mancha es una ultramaratón, una prueba de ultrafondo en bicicleta pero con una característica importante que es su carácter no competitivo.

Es una prueba joven que empezó en el año 2009 por lo que este año será la cuarta edición y aunque se celebra a finales de septiembre parece que la lluvia ha marcado en varias ocasiones los acontecimientos de la prueba. Cada año cambia el recorrido dando a conocer las tierras manchegas entre sus participantes y saliendo desde Alcázar de San Juan y terminando en el mismo sitio se recorren más de 200 kilómetros.

El sábado por la noche, en realidad ya domingo, David y yo dentro de nuestro plan de entrenamiento para la participación de este año quisimos probar a realizar el recorrido que se hizo en el año 2009. Nos salieron 225 kilómetros por caminos que realizamos en 16 horas y 40 minutos. Algo que nos dejó satisfechos por los acontecimientos que contaré después. Las dudas que teníamos de si seríamos capaces o no se fueron esfumando,... por lo menos hasta que llegue el día 22 de septiembre de este año y empecemos la edición más dura de todas las planteadas hasta hoy.

Personalmente pienso que La Titan de la Mancha 2012 es más dura que el Soplao. Si cuando escribía sobre la prueba del 19 de mayo en Cabezón de la Sal ya contaba que era de extrema dureza, ahora creo que El Soplao 2012 me va a servir de entrenamiento para la realmente dura prueba de La Titán de la Mancha 2012.

Es comparar los 163 kilómetros y sus 4.300 metros positivos ascendiendo de El Soplao con los 230 kilómetros y sus 3.000 metros positivos de la Titán de la Mancha 2012. Los metros ascendidos son algo menos pero después de los 163 kilómetros por caminos, que se dicen pronto pero hay que hacerlos, tiene algo menos desnivel pero 3.000 metros hay que hacerlos y cuando llevas 163 kilómetros en el culo, las piernas y la espalda que te digan que te quedan otros 60 no es fácil.

Ya contaré más de esta prueba que por otras características que no he dicho aún me encanta y me centro en nuestra experiencia.

Normalmente salgo o con David o solo, esto hace que te acostumbras a un ritmo, a unas distancias, a unas locuras que compartes con alguien pero no con mucha gente, por esto tenía dudas de si sería capaz de hacer una ruta de estas características con más gente y antes de embarcarnos en el asunto y con tiempo de anunciar nuestro, o mi, abandono quisimos probar que era esto de una Titán de la Mancha y la mejor manera que se nos ocurrió es repetir la primera edición y así medir nuestras fuerzas y nivel.

No sabiendo muy bien el ritmo que llevaríamos y el tiempo de paradas que tendríamos, en nuestro caso normalmente alto, quedamos a las 12 de la noche del sábado, no había leído la crónica de los originales Titanes de ese año que si he leído después de terminar y ellos empezaron a las 4:40 am, una diferencia importante para lo que nos encontraríamos más adelante.

Empecé a ver por la tarde una película con la familia y duró la película más de lo previsto, terminó a las 23:00h. no había cenado ni preparado la mochila así que tocó correr, meter barritas, llenar la mochila del agua, comprobar que no tenía el track en el GPS,... el desastre de siempre y encima pensando que David ya tendría todo preparado. Bajé a por la bici ya a las 00:05h. pero me llama David diciendo que no tiene cargada la batería de la gopro y como yo tengo tres le bajo una mía, total que entre unas cosas y otras empezamos veinte minutos más tarde. Nos vemos, nos miramos, comentamos que hacía unas horas estuvimos apunto de abandonar la idea y nos vamos para comenzar a ser unos Titanes de la Mancha cuando me dice David que Carolina y sus hijos nos están esperando en la plaza, no me lo creía pero efectivamente David quería empezar el track en la plaza. Pasamos por allí donde nos miró con cara extraña la gente que nos cruzábamos también la gente de las terrazas o que salían de paseo, los que empezaban con las primeras copas y que al final de la noche en otros pueblos vimos a otros similares tomando las últimas copas, nosotros con nuestros cascos, luces, etc...

Mientras íbamos a Criptana le decía a David que tenía sueño y estábamos empezando, subimos a los Molinos de Criptana y había un concierto y mucha gente arreglada, de paseo y cenando, nos volvieron a mirar imagino que pensando que adónde van estos dos de la bici. Desde aquí sin parar más de dos minutos para unas fotos que con la gopro no salen bien nos fuimos dirección Socuéllamos.

El track no lo tenía muy analizado, no sabía por donde íbamos a pasar, incluso pensaba que Socuéllamos no lo atravesábamos, tenía todo el rato sensación de sueño, le dije a David que fijo que no terminaba yo la ruta y que me iba a tocar llamar para que fueran a por nosotros, eso de una nocturna no me gusta nada.

No iba disfrutando del paisaje, no veía más de 10 o 20 metros por delante mía, a los laterales ni eso, más de 4 metros no se veía nada, no había nada de luna, ni estrellas y sin embargo un importante viento en contra, íbamos frenados por el viento sufriendo por la noche sin ver nada. Volveré a montar por la noche, pero me he dado cuenta que la noche, la bicicleta y yo no somos un buen equipo.

Hubo un momento en el que me pareció reconocer un camino y le dije a David que si no estaba confundido íbamos a llegar un poco más adelante a la ermita de la Virgen del Buen Parto y así fué, David nunca había estado y conoció esta ermita por la noche, pero en vez de ir y venir de Alcázar a la ermita como es la ruta clásica nos quedaba un montón de casi cientos de kilómetros más. Para ser por la noche y sin calor aquí ya me había bebido la botella de agua y empezado la mochila. David había llevado unos sandwich de nocilla en su mochilón como hacía yo en las interprovinciales y que nos venían bien.

Después llegamos a Socuéllamos, ya muy tarde eran sobre las 3:15h. y pasando solo por las afueras no vimos a nadie... bueno a una pareja en un parque que posiblemente rompimos su rato de intimidad, y empezamos un tramo duro, hasta aquí íbamos viendo luces de pueblos, las luces de Alcázar, de Criptana, de Pedro Muñoz, de Tomelloso al fondo, pero hubo un momento en el que todo era oscuro, no se veía nada de nada, solo nosotros, cruzamos un par de carreteras y no sabíamos con exactitud en donde estábamos, incluso como dice David un tramo de uno o dos kilómetros de carretera que hicimos nos dio alegría por saber que estábamos en un sitio civilizado y conocido por la raza humana.

Antes de llegar a Ruidera pasamos por una zona de subida con mucha piedra, comentamos que los Titanes del 2009 aquí llegaron ya de día y sería más sencillo pero por la noche era complicado, llevaba el foco a media potencia pero cuando empezamos a bajar botando de piedra en piedra bajando por una trialera que quiza por el día fuera sencilla pero por la noche me estaba preocupando pusimos el foco a máxima potencia aun a riesgo de quedarme a oscuras por agotamiento de la batería.

Pero aún faltaba la sorpresa gorda, la llegada a Ruidera por la parte de entrada al pueblo por la carretera desde Argamasilla pero descendiendo por un barranco y al fondo una plaza en fiestas, con luces, con los últimos "borrachos" dando los últimos coletazos mirando para arriba y viendo dos focos en lo alto de la montaña en dirección a ellos, estoy seguro que después de aquella visión alguno ha dejado la bebida. Eran las 6 en punto cuando entramos en Ruidera, totalmente de noche y cerrando los últimos puestos de las fiestas.

Pedazo descenso que nos marcamos derrapando con las bicis y los focos sin saber a donde tirar, mirando al gps y al final ya bajándonos de la bici para hacer los últimos 10 metros andando para saltar el último bordillo de la calle en fiestas.

Aquí íbamos ha hacer un descanso y comer pero rodeados de gente de fiesta que nos decía que habíamos madrugado mucho para montar en bicicleta preferimos seguir por las lagunas y descansar después, yo había ido cansado y con sueño hasta la llegada a la trialera, aquí me había despejado y después de un trago de agua en la fuente de la plaza y llenar la mochila seguimos una conocida cuesta arriba hasta una casa en lo alto de una cañada que en nuestro caso empezaba en la primera laguna.

Esta cañada por el día se me hace cómoda pero por la noche no sabía por donde atacar cada piedra, rama o trozo de arena, además se nos hizo larga de narices, este trozo del track si lo había mirado y sabía que pasaba por la casa pero no llegaba, veíamos tan poco que hasta que no nos chocamos con la misma no sabíamos en donde estábamos. Paramos de nuevo para comer una barrita y un gel y al arrancar se quiso vislumbrar el primer rayo del Sol aunque todavía teníamos que ir con los focos.

Durante toda la noche nos estuvo amenazando la lluvía, llevábamos toda la semana con la ola de calor más importante de no se cuantos años según la telévisión y esta noche la íbamos a pasar con viento en contra, fresco y 4 gotas contadas que no se puede llegar a considerar chispeo pero si llego a caer algo de agua que nos llegó a preocupar.

Pero fue llegando a Carrizosa cuando empezó a salir el Sol, entre nubes porque no se veía mucho, y apagar las luces y renovar las energías. Habíamos pasado una noche horrible, cansados y aburridos sin disfrutar del recorrido y ahora empezamos a apretar, aun eso habíamos llevado una buena medía de 20 km/hora en movimiento pero ahora empezamos a coger grandes velocidades. Al llegar a Carrizosa ya de día preguntamos por una cafetería y nos dijeron que la única a estas horas sería en la gasolinera donde fuimos a comprar un bocadillo y esperar a Roberto Riquelme que le había dicho a David que nos acompañaría durante un tramo junto a su hijo, algo que nos hacía ilusión.

Estando en la cafetería resulta que no tenían nada de comer, un café y una simple magdalena tuvo que llenar nuestros estómagos, no tenía hambre y no me importó pensando que La Solana no estaba lejos y como pueblo grande tendría bares abiertos donde comernos un buen bocata. Como Roberto mandó un mensaje a David diciendo que no podía venir por asuntos de trabajo salimos dirección Alhambra por carretera siguiendo el track hecho en el 2009.

Subimos una cuesta por carretera y desde ahí empezamos a correr y mucho dirección al nuevo pueblo, habíamos pasado de ir a oscuras, frenados, a sin embargo ahora amanecer el día e ir con el viento a favor, con velocidades de 30 y hasta 35 llaneando llegamos a la subida de Alhambra, una cuesta de plato pequeño y luego una bajada rápida de más de 60km/hora para volver a llanear como locos dirección La Solana en unos minutos.

Allí nos comimos un bocata, regular en condimentos, media barra de pan con 4 salchichas, y una vez repuestos de fuerzas retomamos el camino que yo había previsto el más duro aunque sin saber el motivo. Pensé que desde La Solana hasta Villarta de San Juan eran muchos kilómetros sin pasar por ningún sitio, además de ser las horas de más calor. Empezamos muy bien, realmente bien hasta que nos fuimos quedando sin agua. Menos mal que por estas tierras y fechas los melones y las sandías no faltan.

Pasamos por un melonar e íbamos secos de agua y pensamos que si veíamos al dueño le comprábamos un melón, cogimos uno grande y pensamos que ya que lo empezábamos no era cuestión de destrozar nada, la opción era comerlo entero. Lo partimos contra el suelo porque la navaja que llevo normalmente no la cambié de bolsa de asiento que he renovado. Bocado a bocado, arrimando los dientes para hacer palanca nos comimos todo el melón entre los dos.

Con la tripa más gorda de lo normal pero aún con fuerzas para dar pedales continuamos ya bien hidratados, entonces le comenté a David que yo prefería la sandía, mucha más agua y más sabrosa, pero que si veíamos un huerto de sandías no me dijera nada que iba a reventar ya con el melón. Fue comentar esto cuando vimos una plantación de sandías grande. Al fondo se veían trabajadores recogiendo las sandías pero en nuestra punta no había nadie para pedirle una, levantamos la vista, y siendo imposible para nosotros con las bicis cruzar toda la plantación cogimos una bastante grande pero como no había sombra la llevamos unos cientos de metros debajo de una caseta, allí la dimos un golpe contra el suelo y nos comimos la mejor sandía del verano.

Cuando íbamos por más de la mitad de la sandía le decía a David que me recordaba a mi padre con la tripa que se me había puesto, las abdominales se habían unido en una y pronunciada, no me podía ni mover, le pedía a David que escondiera la sandía, no podíamos parar de comer y reírnos de las tonterías que decíamos, estábamos borrachos de fruta. Pensamos en llamar a alguien para que viniera a recogernos. La sandía nos iba a costar el reto de superar una Titán de la Mancha.

Subimos a la bici y la velocidad por encima de los 30km/hora que llevábamos por esta zona se redujo menos de 10 km/hora, teníamos un dolor de estómago de sandía y de tripa de melón que no podíamos ni dar pedales. Poco a poco la cosa se fue normalizando y cogiendo fuerzas, hasta que pinché.

El hombre que nunca pincha pinchó. Di aire pensando que el líquido funcionaría y nada, a los 100 metros otra vez aplastado, entonces al cambiar la cámara con la de repuesto vi que no era de líquido y que tenía un abrojo en un lateral que me hizo un buen piquete, un ratito cambiando y David riéndose y a continuar hasta Villarta de San Juan.

En Villarta volvimos a beber mucha más agua y a reponer las mochilas y bidones, he calculado que entre agua y fruta y contando con que no hizo mucho calor bebimos unos 10 litros de líquido cada uno ese día. Varios botellines, dos mochilas, coca-colas, café, medio melón cada uno, más de un cuarto de sandía cada uno... 10 litros de líquido, si nos hubiera hecho más calor y sin ayuda que íbamos no se si hubiéramos llegado sin bebernos el agua del riego de las plantas.

Antes de llegar a Puerto Lápice volví a pinchar pero dando aire parece que aguantó y el líquido de esta cámara que había puesto si selló, de todas formas le dije a David que cuando llegáramos a Puerto Lápice nos iríamos a la gasolinera a dar presión máxima y así el líquido sellante se expandiría más. Pues a aguantó hasta 200 metros de la gasolinera que se desinfló del todo, por no utilizar la bomba preferí hacerlos andando pero al llegar estaba cerrada. Nos tocó poner la cámara de repuesto de David y perder mucho más tiempo, además de desear que no me volviera a pasar pues entonces pasaríamos a tener que reparar con parches que es bastante más lento y engorroso.

Nos tomamos una coca-cola pensando en un pincho que no nos pusieron y sustituimos por unas barritas y geles nuestros. Nos quedaba el último tramo, subir la sierra de la Sevillana, llegar a Herencia y después a Alcázar que aunque en el 2009 se hizo por carretera por las lluvias de los días anteriores nosotros haríamos por caminos que conocemos.

No sabemos si por la alegría de llegar o por las barritas fue otro tramo muy rápido que hicimos a toda velocidad, cruzamos Herencia y llegamos a Alcázar en unos minutos. David quería terminar también en la plaza del ayuntamiento y así lo hicimos aunque no había nadie ni esperándonos ni sin esperarnos, solos en la plaza pero con el orgullo muy alto de estar ahí después de 225 kilómetros con los que acabé la ruta de casa a casa, tardamos una hora y 20 minutos más que los originales pero en nuestro favor podemos decir que hicimos muchas más horas nocturnas sin ver por donde pasábamos, bajando trialeras con focos, sin apoyos, sin avituallamientos, solo dos ciclistas, con dos pinchazos que en realidad supusieron el tiempo de 4 por ir andando a una gasolinera cerrada y en otro intentar solucionarlo con aire, con un reventón de tripa por comer entre 4 y 5 kilos de fruta cada uno en menos de media hora.... y ser nuestro record absoluto en distancia.

La vez que más habíamos hecho era el día de Alcázar de San Juan - Bonete que hicimos 203 kilómetros y terminamos, especialmente yo, literalmente fundidos, daba una pedalada, solo una y no daba la segunda hasta que no se fuera a caer la bici a un lado por pararse. El cuenta kilómetros dejó de marcar de lo despacio que íbamos, y en esta ocasión con 225 kilómetros llegamos sprintando y picados por ver quien subía primero una cuesta. En los últimos 5 meses hemos mejorado una barbaridad.

Después de esto y ya cada uno en su casa y después de ducharme pensé en ir a la piscina con los niños a nadar pero me entretuve con el ordenador, fotos, etc, y no salí a hacer más deporte después de las casi 17 horas seguidas en la bicicleta.

Tenía muchas dudas de ser capaz de hacer una Titan, y la del 2012 no tiene mucho que ver con esta del 2009, pero ahora después de esto creo que si puedo hacerlo y voy con garantías de terminar sin perjudicar a otros compañeros más fuertes.

La próxima semana como preparación haremos la Titan 2010, algo más dura que la del 2009 aunque no llega a los niveles exagerados del 2012.

2 comentarios:

Yave Grifa dijo...

En la noche se rueda mas lento, a nosotros nos pasa siempre en las nocturnas, lo bueno es que no hace calor y se resiste mas, otro pedazo de rutón que os habéis marcado, un saludo y mucha suerte para esa titan!

Francisco Belinchón Zaballos dijo...

Además el viento en contra, cuesta arriba y el tramo final de la noche subiendo y bajando por piedras... pero para lo que pudo ser se nos dio muy bien, esta semana otra Titán, la del 2010 con 230 kilómetros y se nos unen otros compañeros, por ahora 3 fijos y quizá 4.