martes, 19 de junio de 2012

Paseo embarrado a Herencia.

Vaya día para montar en bici malo que elegí para estrenar las tardes de entre semana de verano.

Mi intención era ir a Herencia subir algunas veces los segundos molinos, mínimo una y máximo muchas, y volver por Villafranca de los Caballeros.

Antes de salir de casa vi que el cielo estaba más gris que estos días atrás y que las hojas de los árboles se movían también más pero para dar un paseo de 30 o 40 kilómetros y estando cerca de casa tampoco había que preocuparse mucho.

Salí sin mochila y sin nada más que lo imprescindible, más algún lujo fijo como el gps y la cámara, pero nada de sobrepeso.

Nada más salir antes de llegar a la altura del carrefour me crucé con mi compañero Jesús que volvía de dar una vuelta como está de vacaciones hablamos 5 minutos del trabajo, de su manillar nuevo y sobre la conveniencia o no de seguir con la ruta pues estaban empezando a caer 4 gotas.

Decía que con el calor que hacía estas 4 gotas venían bien, te refrescaban y no llegaban a mojarte, era cierto y nos despedimos, él a su casa y yo a comenzar la ruta para llegar a Herencia.

Hacía mucho tiempo que no iba a Herencia, el río ha tenido agua casi todo el año y por no dar una vuelta grande para rodearlo, y por que la verdad es que hemos salido poco este año por la zona y hemos viajado mucho, y también por que le cogí manía a este camino por ser donde tuve mi primera caída por culpa de las piedras sueltas y la arena pues habían pasado meses, quizá hasta un año sin que pasara por este camino.

Me sorprendió gratamente lo bien que estaba, lo vi mucho más compactado, con menos piedra suelta, más duro y menos peligroso, y lo que consideraba una subida hace un par de años cuando pasaba por primera vez por estos caminos desde la veguilla de la depuradora hasta antes de llegar al río ahora era un camino totalmente llano.

Antes de llegar al Cigüela cayeron unas gotas más, pero aunque no llegué a mojarme la ropa el camino si estaba muy mojado, la rueda trasera me patinó un par de veces sin consecuencias y llegué al río que cruce por el puente caído por estar seco.

Al subir el río me di cuenta que estaba peor de lo que pensaba, me costó subir por patinar cuesta abajo y cuando crucé tenía las zapatillas llenas de barro y también las ruedas pero enganché bien y pude continuar.

Luego desde aquí hasta Herencia que no son más de 5 kilómetros fue un desastre. El camino era una pista de patinaje sobre barro.

El camino tenía por encima una fina capa de arena arcillosa que se pega a las ruedas como lapas.

Estoy seguro que si en vez de llevar las ruedas finas de ahora de 2.0 llevara las anteriores de 2.25 la horquilla delantera se hubiera bloqueado y la trasera con el cuadro igual.

Habían caído no más de 4 gotas, yo estaba seco y tenía la sensación de estar en mitad de una tormenta por la cantidad de barro que había.

Según iba avanzando la rueda trasera me iba patinando y lo peor es que también me pasaba con la delantera dándome sustos para controlar la bici y evitar caerme.

Ahora desengancho más rápido que Billy el niño y por ir despacio evité más de una caída patinando con la bici pero cuando empezó a patinar las dos ruedas las mismo tiempo me empecé a dar cuenta que terminaría en el suelo y en una ocasión fue así, muy despacio terminé en el suelo apoyando una mano en el barro pegajoso y asqueroso que se levantaba y pegaba a las ruedas.

Con la mano y el guante totalmente embarrado la bicicleta hecha un asco y sin posibilidad de montar me tocó tirar de piernas e ir andando un trozo hasta ver si el camino endurecía y perdía barro.

Al caerme y apoyar con la mano el guante y el puño derecho de la bici estaban exageradamente llenos de barros, lo suficiente como para no poder montar y para limpiarme estuve valorando si limpiarlo en la ropa que luego iba a ir en la lavadora o en las piernas que luego iban a ir a la ducha.

Con las piernas llenas de barro restregado desde mis manos avancé hasta Herencia a donde llegué y con la poca gente que me cruce, en dos casas estaban pintando y encalando las fachadas por que en realidad no había llovido se me quedaron mirando me imagino que pensando de donde había salido alguien con tanto barro, ni revolcándote en el suelo te podrías manchar tanto, pero la realidad es que por los salpicones tenía toda la espalda llena, el casco, las piernas, el maillot, todo marrón.

La carretera de vuelta a Alcázar me pareció peligrosa, no suelo ir prácticamente nunca por carretera y nunca he montado en una bici de carretera pero creo que ahora se me han quitado las ganas que tenía de probar.

Hacía mucho aire y me daba miedo ir muy pegado a la cuneta cuando había quitamiedos por si me caía encima al empujarme el viento.

Los coches se apartan dependiendo de lo que haga el anterior, si el anterior se apartaba adecuadamente dando el intermitente e invadiendo el sentido contrario como hay que hacer es fácil que el siguiente haga lo mismo, pero si el primero pasa a 40 centímetros de tu hombro izquierdo el siguiente puede pasar a otros 20 centímetros o menos.

Estuve fijándome si por los coches de gama alta o baja se apartaban más o menos, si por camiones, autobuses o furgonetas se apartaban más o menos que los coches, o si lo hacían más cuanto más visibilidad tenían pero nada, me crucé y adelantaron muchísimos coches y no saqué ninguna conclusión. La peor y la mejor fueron en los dos casos dos mujeres, la peor venía en sentido contrario al mío y se puso a adelantar al coche delante de ella y a mi altura pasó tan cerca mía como para levantarla el brazo llamarla de todo y casi tocar yo el coche, la mejor también una mujer que prácticamente se paró detrás mía como si fuera un tractor ocupando un carril o cuando pudo adelantarme perfectamente sin que viniera nadie de frente se cruzó de carril y lo hizo como si yo fuera cualquier otro vehículo lento que ocupa toda una calzada.

Al llegar a la altura del Carrefour paré en el lavadero para no llevar la bici en las condiciones que la tenía a casa. Pero en contra de lo normal me había dejado la cartera con el dinero en casa,  busqué debajo del sillín que suelo llevar un par de euros y solo tenía 50 céntimos, lo suficiente para quitar el polvo pero para el barro que tenía no podía ni empezar.

Me enrollé a hablar con el vigilante del lavadero y me regaló una ficha de 1 euro por los 50 céntimos que llevaba y además le aconsejé que pusiera un hueco para sujetar las bicis de pie y lavarla mejor sin tener que tirarla en el suelo y dejarlo como tiene el lavadero del cementerio, estuvimos midiendo la rueda y le expliqué como lo tenían en el otro lavadero para que lo hicieran también en este que son cosas que nos vienen bien a todos. No hace falta que lo haga en todos los huecos pero tener un hueco preparado para las bicis es bueno para todos, ahorramos tiempo y lavamos mejor y más rápido la bici.

A no ser que seas de los que he leído que se meten la bici en la bañera de casa... que cariño por la bici tenemos todos pero por ahora no tanto como para comprar un albornoz de bicicleta.

1 comentario:

Yave Grifa dijo...

esos días son los peores, así me cargue yo la patilla de los cambios, un saludo!